Raúl Mendoza

Raúl Mendoza

PUNTO APARTE

Acerca de Raúl Mendoza:



Éxito y qué

Participaba de un taller y por minutos me ausenté. Al retornar, el expositor me preguntó en frío: “¿Cuál es tu meta?”. Obnubilado, respondí: “Vivir el momento y bien”. Probablemente no quedó contento, el taller trataba del éxito. Todos aguardaban un sinfín de metas y hasta la cumbre huachafosa que es mejor esconder. Me quedé corto, con la boca en pendiente y pensando camino a casa sobre la infinidad de metas que perdí en el camino o que, sencillamente, cambié porque de la dialéctica trata la vida, Hegel, y, por qué no, Heráclito, “nunca soy el de ayer porque nadie se baña dos veces en el mismo río”.

Mientras boqueaba como fumarolas el aire caliente sobre la intemperie, persistí en mis metas aunque no es lo mismo tenerlas a los veinte que a los cuarenta y todo muda en el interior y fuera. El amor no es lo mismo a los veinticinco que a los cuarenta, tampoco lo es la muerte y menos las metas que nos planteamos sobre diversos aspectos de la vida. Siempre me dividí en dos filosofías, la del destino inmutable como la de los trágicos griegos (con Edipo a la cabeza) y la del futuro que se labra a decisión personal. La experiencia dice que más de lo que recibimos es aquello que nunca esperamos.

El trabajo, el amor, el ascenso profesional, el dinero y lo demás llegó sobre el terreno de lo inesperado. Y lo que más se buscó, voló como el viento hosco que aleja los sueños. Es la vida y así como está no es ensayo, tampoco es proyecto. La idea de proyectar metas es peligrosa. Bien si llega una invitación a regir un negocio gigante o si se oye el llamado a una tarea que trascienda al tiempo, pero mientras tanto la vida solo se agota en el hoy, es la única pertenencia, la joya que llama a la atención plena, mindfulness, meditación, hic et nunc, Carpe Diem (Horacio), llámelo como quiera, aunque en la vida inmediata quepa siempre la fortuna inopinada del cumplimiento de un buen sueño. ¿Cuál es mi meta? Devorar experiencias y lecturas, procesarlas y volcarlas. Mi meta es la verdad para escribir lo que bien o mal aprendí o dejar el pensamiento en la vitrina para los que vengan detrás. Al final, no fracasa quien no persigue una meta sino aquel que sí la tuvo y nunca la alcanzó.



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