Raúl Mendoza

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PUNTO APARTE

Acerca de Raúl Mendoza:



Gramsci o Henry Ford

“Cuando una empresa financia, a veces con millones, una campaña electoral, lo quiera o no, pone al político financiado en un conflicto de interés”, escribe un columnista del diario decano (“La normalización de la mentira”, 26/11/19). Para no entrar en política en esta página cultural, resulta curiosa la frase cuando muchos medios reciben publicidad de empresas privadas y las más afortunadas recaudan mucha publicidad estatal. ¿Se aplica allí el concepto de ‘conflicto de interés’?

Al margen del terror que causaba Humala y el chavismo en 2011, es certera la afirmación de un famoso aunque no muy popular columnista (es una virtud) en un tabloide local: “los empresarios no deberían financiar a los políticos, deberían construir ONGs”.

Pocas de ellas son liberales, algunas como el Instituto Libertad y Democracia o el Instituto de Libre Empresa, pero cuál es la voluntad empresarial para donar a la formación de una cultura del mercado. Hace algunos años, concebimos entre pocos ese proyecto, pero ningún empresario puso vista a la causa porque la empresarialidad nacional no es de principios sino de intereses.

Hablarle a los empresarios de la empresa y del desarrollo en Paracas o de cómo funciona la economía en CADE reditúa menos valor que explicarle a la gente común o a los votantes del sur que el Estado no puede gastar más de lo que recauda, que las empresas crean riqueza y generan empleo, que el socialismo empobrece, que las malas leyes traban la economía y que el voto responsable no es por la demagogia sino por quien represente la libertad y el emprendimiento en un país en el que miles de MYPES quiebran a los seis meses de haberse constituido.

¿No es mejor ahorrarse el trabajo de transferirle a los políticos, transfiriendo sentido común a los votantes? ¿Cuántas ONGs liberales existen? ¿A quiénes se dirigen los discursos empresariales? ¿Cuántos emprendedores de Gamarra toman el micro en CADE?

La culturización marxista, que toca toda la academia (desde la economía hasta la teología) ha logrado crear una conciencia colectiva que es campo fértil para quebrar el tablero. La izquierda no solo se sabe organizar y movilizar, además induce o malforma ¿Y los empresarios? ¿Y la cultura de la libertad?

La cultura no es solo el arte o toda creación que sirva a la estética o la ficción, es también un saber sobre el funcionamiento de la sociedad. Gramsci, por desgracia, no fue un libertario.



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