Raúl Mendoza

Raúl Mendoza

PUNTO APARTE

Acerca de Raúl Mendoza:



Ignóralo

Una buena noticia puede no ser tal, advertía Kurt Vonnegut. “Me gané la lotería”… “Luego se destruyó mi familia”. “Lo contrataron en una transnacional”…. “Por eso se apoyó una tarde cerca de la ventana de aquel piso veinte y cayó”…Me recuerda a un libro que no existe, pero que se escribió solo en dos páginas para una película: “Tratado sobre la suerte”: “Estoy en el Aeropuerto esperando partir, pero me gana el deseo de correr al urinario. Mala suerte, perdí el vuelo. Tres horas después supe que el avión colisionó con una montaña…Buena suerte la del urinario y perder el vuelo”.

De eso trata la vida, de no saber qué es lo bueno o lo malo que nos ocurre, pero la gente tiende a ignorar la incertidumbre, una buena noticia es una buena noticia y punto. Sin embargo, por salud mental, no tratar de ver más allá de lo actual es una posición sensata. Preguntarse o conectarse con todas las tragedias mundiales para saber si nos tocará alguna, es vivir en la parálisis. Desde que sé las estadísticas de accidentes de viajes en bus, me ahorro el trabajo de tomar uno aunque llegue tarde, lo que me ocasiona un perjuicio. Lo llamamos “catastrofismo”. Si supiste que algunos ascensores se malograron, siempre que subas a uno pensarás si serás el siguiente o quizás prefieras subir cincuenta escalones para no averiguarlo. Ver las noticias puede ahorrarte un mal rato, pero “saber” es también una desventaja. Todo noticiero abunda sobre la delincuencia en la ciudad. Si cada uno se centrara en el robo de celulares, el espíritu de catástrofe no te dejaría en paz. Tu celular será dejado en casa siempre y hasta con más atención en el fenómeno verás “casualmente” uno que otro robo frente a tus ojos en la ciudad. Tal vez si estás del otro lado te animes por salir a robarlos ¡Noticieros! Vivir conectados a lo que pasa produce ansiedad.

Leía una publicación que refería una frase de Séneca en la que advertía del peligro de saber, siempre saber. Si un ciervo es perseguido por un león, correrá asustado; pero si escapa y está a salvo, seguirá en lo suyo sin estar expectante del león, olvidándose del tema. El ser humano, que vive de más males imaginarios que reales, una vez a salvo se esconderá en las cuevas a esperar, espantado, la presencia del león…que nunca verá. Así somos.



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