Raúl Mendoza

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PUNTO APARTE

Acerca de Raúl Mendoza:



Inciertos sabios

Discutían dos sobre la sexualidad sin llegar a conclusión. La única conclusión es que no hay ninguna, “salvo en las matemáticas y las ciencias” ¿La realidad habita nuestra mente? Kant nos lleva por ese camino y como Descartes terminamos dudando de todo. Ya que no podemos imponer nuestro credo, mejor dudar. No hay verdad firme ad infinitum sino puntos de vista.

Estudiar la Historia, por ejemplo, es un desafío y pocos lo hacen comprendiendo el momento cultural de cada época. Si analizamos descubriremos las deficiencias de los libros de Historia que tocan el incario con mirada occidental. Sin citar autores, es asombroso el resquebrajamiento de la interpretación cuando se cree que el tiempo, el calendario, el poder, las relaciones…pueden medirse con la razón y el lenguaje actual. Quien pretenda hacer algo más, Historia  con moralina social, perfilará solo una obra a medias.

No podemos siquiera entendernos con la subjetividad del vecino con quien discutimos sin darnos cuenta que diferimos en lo que leímos, vimos y en las experiencias que vivimos. A veces solo queda escucharnos y aprender porque en el archipiélago todos somos maestros y alumnos a la vez. Cuentan que un misionero habló de Judas (el traidor) en una pequeña comunidad africana que festejó y mostró complacencia con el pérfido. No sospechó el religioso que allí la traición era apreciada. No logró saber, perplejo, el porqué. Hace algunos años un juez tribal condenó a un niño (en la selva) a ser devorado por hormigas debido al hurto de unas monedas. Mientras damos por cierto nuestro Derecho y ellos el suyo, nos es siempre difícil decir “nosotros”.

Cuando preguntan qué es el Perú, mis referentes son simbólicos porque cuesta responder como Renán, que la Nación es un plebiscito cotidiano, o como Barrés, que la patria son la tierra y los muertos. Tan difícil es hallar una verdad unívoca e imperecedera que nos convierta en autoridad. La prioridad sensata, por tal, es el goce sensorial (ni siquiera la percepción, que es engañosa). El goce es de lo que podemos estar seguros. El placer es lo cierto en ese universo inabarcable e inseguro. Aristipo, filósofo del placer, lo supo, quizás porque fue discípulo de Sócrates, quien expresó la certeza de su propia incertidumbre. Timón se burlaba de Aristipo: “Solo con el tacto conoce lo que es falso o verdadero”. La sátira define lo que la seriedad nos impide sostener sin ser juzgados.



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