Raúl Mendoza

Raúl Mendoza

PUNTO APARTE

Acerca de Raúl Mendoza:



Reinventarse, vivir

“Ese aparatito”. Mi padre se lamenta por el cine que acaban de demoler. “Mi aparatito poderoso, es un celular. Estoy en Cineflix”. Dice que yo destruí su cine y su canal de TV.

“¿Ahora qué haces?”, me interroga. “Busco en Travel.com harta info para nuestro viaje al Cusco”. Atravesamos por la vieja agencia de turismo que hoy es un Café. “Renovarse o morir”, advierto. Lo asocia rápido a D’Annunzio y yo a la longevidad del águila, que viviría cuarenta años, pero vive setenta porque a la mitad, con el pico doblado, sin garras, desplumada, ya sin vuelo, moribunda, trepa a lo alto de una cumbre donde destruye su viejo pico golpeándolo contra una roca y cuando le crece el nuevo, se arranca las garras con él. Le toma meses renovarse, pero vive treinta resplandecientes años más.

Reviso Google por datos, Wikipedia complementa. Abro Linkingcard para postularme, me aplico a un tutorial de YouTube. Mi padre dice que cerraron la biblioteca, nadie iba. No renovaban libros. Los daneses que alojamos se despiden, nos traducimos por Trivix. Con ellos va un guía que fue dueño del hotel de al lado…que también ya fue…, no sabe deletrear Airnhome. Se lo he mostrado tantas veces en mi móvil. Odia mi best seller de Amazon, extraña su vieja librería y también su sello editor. “Aquí cuadraré mi Tesla”, bromeo. “Estos carros eléctricos”, dice. Tiene un grifo aún.

Mi madre quiere ir a la tienda, pero está en bata, pido su freezer por Delivery-online mientras se entretiene con el WhatsApp. Olvidó pagar la cuenta de telefonía, ya no usamos el fijo. Ha ganado mucho vendiendo “cositas” en SXL, vendió el depa por VirtualHome y compró un vestido por Cyberboutique. Mi padre le pregunta si es que ya se tomó la foto, “yo se la estoy tomando con mi smartphone, además la casa fotográfica cerró”, digo. “Escríbele una carta a tu tío en NY”, me ordena, “necesito que me envíe un…”. Interrumpo: “Ya lo compré por MarketGlobal, pero le escribiré por Gmail para saludarlo”. Recuerdo luego cuando iba de niño con mi madre a la oficina de correo estatal.

El viejo revisa novedades en FB y Twitter, se murió su ídolo hace segundos. “¿Te vas a la disco?”, pregunta. “Muy burocrático, solo cita en Tinder”. Le duele el vientre, Telemedicine; mi madre en videollamada, yo en taxi de aplicativo buscando chamba en Linkejob.

Se reinventaron, nos reinventaron.



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