Raúl Mendoza

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PUNTO APARTE

Acerca de Raúl Mendoza:



¡Viva la locura!

“Soy loco porque vivo en un mundo que no se merece mi sensatez”, dijo Bob Marley. No es la locura patológica sino la que asumimos como nuestro carácter, esa que nos lleva a prescindir de los mapas, los termómetros, los paraguas, para lanzarnos a vivir.

Erasmo, en el “Elogio de la locura”, nos persuade del valor de ser felices en la necedad, lejos de la sabiduría ceñuda de los sabios escolásticos. Por locura la embriaguez de pasarla bien antes que sufrir por amor, por locura la libertad a ciegas antes que compromisos inciertos, por locura el instante antes que la posibilidad del dolor ¿Y amar es locura? Se dice que sí y no hay lectura que desvincule el amor fruncido de esa irracionalidad suicida que es entregar el corazón al costo de recibirlo en trizas. Prefiero llamarlo “temeridad” ya que es demasiado serio por sus consecuencias.  Françoise Sagan decía haber amado hasta llegar a la locura; para él, era la única forma sensata de amar. Quizás no era amor sino arrebato seductor, porque hay más locura sabia en el devenir hedonista de la filosofía de Aristipo de Cirene (padre del hedonismo y también discípulo de Sócrates). El romanticismo doloroso de las novelas inglesas del siglo XVIII “bien para los pañuelos”.

No hay locura en el sufrimiento ni en la exposición sensible, la hay en los saltos sin dolor, en las sensaciones, en el placer, en la estética, en el arte, en la diversidad, en la liviandad del humor…Quizás haya demasiadas expresiones de feliz locura para enumerarlas en un artículo. “Las personas necesitamos de la locura, de lo contrario nunca se es libre”, señalaba  Nikos Kazantzakis. Ahora entendemos la locura alegre de Zorba, personaje de su novela Vida y Aventura de Alexis Zorbas (llevada al Cine): “Y mi espíritu, mecido por las olas, se hacía ola y se sometía, también, sin resistencia, al ritmo del mar”. Ser flujo, a secas, es locura. Y antes de la danza: “¡Maldito sea, jefe! Me agrada demasiado como para no decírselo: usted lo tiene todo, excepto una cosa: ¡LOCURA! Un hombre necesita un poco de locura, si no nunca se atreve a cortar la cuerda y ser libre…”.

La locura es atrevimiento, romper cercos, de allí que la libertad se relacione más con ella que con la cuadriculada razón o con el sentimiento demasiado serio, pero tendemos a quemarnos las manos y rompernos el corazón.



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