Recientes cambios a los límites de velocidad: ¿realmente funcionan o es un desprovisto de valor?

Recientes cambios a los límites de velocidad: ¿realmente funcionan o es un desprovisto de valor?

Por Dr. Juan Carlos Spoljaric Muñoz

Con la puesta en marcha de los nuevos límites máximos de velocidad, se ha introducido una importante controversia, principalmente entre las personas que pasan gran parte de sus horas en la caótica congestión de nuestra ciudad y los que pretenden, contra viento y marea, implementar una adecuada educación vial es nuestro país. Como punto de partida, se entendería que los nuevos límites de velocidad traen consigo “muchas más ventajas que desventajas”; lo que es indiscutible es que -con esta medida- se pretende reducir los constantes accidentes de tránsito. Recordemos que nuestro país registró más de 46,600 accidentes de tránsito en los primeros siete meses de 2022, mismos que ocasionaron la muerte de 1,852 personas, lo que supone un promedio mensual de 256 víctimas mortales en siniestros viales; lamentablemente este es un hecho que no podemos negar y que forma parte del día a día en nuestras vidas, lo cual deja en evidencia y al descubierto la urgente necesidad de contar con una educación vial que REALMENTE funcione en nuestro país, que permita de manera eficiente revertir los constantes accidentes de tránsito que, de acuerdo con porcentajes estadísticos, en su mayoría son producidos por excesos de velocidad.
En este punto, el Gobierno trató de fiscalizar dicha situación, a través de una nueva regulación de los límites de velocidad en calles, jirones y avenidas; en ese sentido, la norma precisa que los conductores no podrán exceder los 30 km/h en calles y jirones (antes era 40 km/h), y los 50 km/h en avenidas (antes era 60 km/h), mientras que en las zonas comerciales ahora el límite es de 30 km/h, en zonas residenciales es de 50 km/h y en zonas escolares y hospitales es de 30 km/h.

Al respecto, en las zonas señaladas de 30 km/h son una medida clave para reducir el riesgo de accidentes, ya que los conductores tienen más tiempo para reaccionar y frenar y con ello descendería en un 80% el riesgo de fallecer como consecuencia de un atropello, si la velocidad del vehículo que impacta es de 30 km/h el riesgo es de un 10%, mientras que, si la velocidad es a 60 km/h, ese riesgo de fallecimiento se eleva al 90%.

Sin embargo, desde casi un mes de su promulgación, ¿qué tanto ha funcionado? ¿Las calles están preparadas para implementar dichos limites? A decir verdad, toda mejora es bienvenida; sin embargo, es importante precisar que la realidad de nuestras calles y avenidas no es la adecuada, dado que como sabemos, no existe una correcta infraestructura vial, que permita ejecutar correctamente dicha medidas; por lo pronto no se cuenta con una adecuada capacidad operativa para fiscalizar los nuevos límites de velocidad, toda vez que la cantidad de cinemómetros no cubrirían con eficiencia las áreas fiscalizadas.

A diferencia de Lima, en el Callao esta iniciativa data de hace varios años, precisamente para sancionar a los conductores que exceden los límites de velocidad permitidos por las normas de tránsito, lo cual ha permitido que la gran mayoría de conductores dentro de la región Callao respeten dichos límites. Por tanto, daría la impresión de que el Callao, ha levantado –a punta de fiscalización- una imagen de ser un lugar ordenado y respetuoso de las normas de tránsito; no hay que negar que los conductores apenas ingresan a las calles de dicha provincia, cambian el chip al manejar, siendo más cautelosos y precavidos con los límites de velocidad.

Sin embargo, no todas son malas noticias para Lima, ya que lo positivo de esta medida es que va a permitir evaluar y definir la velocidad en las diferentes calles para la puesta en práctica de estrategias de seguridad vial, que aporten al cuidado de la vida y que generen e incentiven una movilidad más sostenible, dado que, como sabemos la mayoría de los accidentes derivan, en gran parte, del desconocimiento de los límites de velocidad por parte de los conductores y que muchos de ellos, optarían por elevarlos y más de un millón los quitaría directamente. No obstante ello, creemos que el objetivo no es endurecer o restringir las normas en este ámbito, sino por el contrario, generar conciencia vial, empero, no solamente para regular la disminución de la velocidad, sino también para pensar en una infraestructura vial segura y en un comportamiento coherente en cultura vial. Finalmente, las normas ya están dadas, solo es cuestión de respetarlas y cumplirlas por los usuarios de las vías, llámese conductor o peatón, no por evitar la multa, sino porque así UNO PUEDE SALVAR SU VIDA.

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