La credibilidad de Sagasti es nimia. Apenas existe entre su ocasional círculo de poder. Nada más. Un presidente que incumple su palabra en temas tan severos –descuidar la salud de la sociedad, por ejemplo- no merece siquiera otra oportunidad, como insinúan los acomodaticios. El caso de la vacuna marcó indeleblemente la facilidad para mentir de quien heredó, de muy mala forma, el poder del mitómano Vizcarra. Porque hiere la confianza en quien ejerce la jefatura del Estado. El 6 de enero, en mensaje al país, Sagasti aseguraba: “Tras largas, complejas, duras negociaciones que por momentos fueron frustrantes, puedo anunciar que ya hemos concretado la compra del primer lote de la esperada vacuna contra el Covid. En el marco del acuerdo de compra de 38 millones de dosis se ha suscrito un (sic) acuerdo de compra y carta compromiso para recibir un primer envío de un millón de dosis en enero.”

Estamos a 28 de enero y lo único que existe es el anuncio del gobierno chino que “las vacunas están próximas a ser ambarcadas”. Posiblemente en relación a aquel millón de dOsis que servirán para inocular a unos 450,000 compatriotas. Del resto, (37’000,000 de dosis), no conocemos una sola palabra. Inclusive China no habla de “contrato” alguno para dicha cantidad de vacunas. Se limita al millón de dosis que, en rigor, sería una muestra gratis. Bastó esa información para tirar por tierra la esperanza que hace casi un mes produjera el aviso de Sagasti. Visto en retrospectiva, sin la menor duda se trató de un psicosocial para mantener a flote una gestión signada por la absoluta incompetencia, tanto de Sagasti como de quienes puso a cargo de nuestra sanidad pública. Empezando por la ministra Mazzetti, auténtico envoltorio de falacias y tonterías que impidieron al Perú adquirir las vacunas, las pruebas moleculares, las camas UCI, las plantas de oxígeno (Mazzetti ni siquiera fue capaz de instalar en los hospitales las decenas de plantas oxigenadoras que ha recibido donadas del sector privado), etc., desde que asumiera esa cartera con el impresentable Vizcarra de mandatario.

El domingo volveremos al tormento de un inútil confinamiento obligatorio, y al toque de queda. Tal cual lo impuso el necio Vizcarra. Recordemos que con ello provocó tanto el contagio masivo, la muerte de 80,000 peruanos como la quiebra del empresariado. Lo último afectará seriamente la solidez de la banca privada, provocará un déficit fiscal de órdago y endeudará al Estado por decenas de años. Este es el costo de tener en la presidencia a gente incompetente. Hoy la historia se repite con Sagasti, otro fabulador e incapaz con ínfulas de cientifico, a quien le interesa un caracol la vida y salud de los peruanos, la quiebra de las empresas, el riesgo de la banca privada y, desde luego, el déficit fiscal. ¡El que venga atrás, que arree!

Así gobiernan los progre, marxistas, caviares, socialistas. Esta es la izquierda, amable lector, por la que inconcebiblemente pretende votar 10% del estrato A, según registra la encuestadora oficialista. Terrible, pero cierto.