¿Acaso existe en algún país del universo un Parlamento supuestamente democrático, dentro de un Estado de Derecho, donde la presidenta del Congreso conmine a todos sus legisladores a aprobar una norma bajo la presión de la calle? Es decir, actuar a contramano de la libertad que tiene cada legislador para votar premunido de toda la información que exige aprobar una ley en beneficio del interés nacional; no de gremio alguno. Pues ese país existe. Se llama Perú. Acá una mujer comunista, obviamente empírica en todo aquello que implique ser estadista, aparte de huérfana de sustento racional -y lejos del más básico sentido común- busca que los representantes del país ante el Parlamento voten por una propuesta, amenazados por la subversión violentista encaramada detrás campesinos que, como sucede con todas las demás actividades económicas, piden aumento de remuneración por la prestación de un servicio. Tal cual exigen los burócratas y este gobierno no les atiende. El hecho es que una neófita en gestión pública cuyo único diploma es ser una activista de las filas comunistas, ordena a los miembros del Parlamento hacer lo que demande su partido. Recordemos que el comunismo mató a más de 100 millones de opositores, destruyó un país y sembró el odio en el mundo entero. Y ese mismo comunismo, derrotado por su fracaso como lo recuerda la caída del Muro de Berlín, hoy exige al Congreso peruano aprobar una ley que quebrará a la agricultura moderna, resurgida de las cenizas del campo muerto que dejara una funesta reforma agraria, a partir de convertir arenales en auténticos oasis a base de esfuerzo digno de ser reconocido en cualquier lugar del planeta. Menos acá desde luego, donde la pequeñez, la envidia y el rencor de los acomplejados sociales izquierdistas pretende a toda prisa transformar nuestra ciudadanía en una sociedad vengativa, violentista, fracasada.

¡El Parlamento no debe actuar como furgón de cola del comunismo! Ni de alguna otra agrupación política. Los congresistas representan a la nación. El Perú ha votado una y mil veces –de manera aplastante- contra los candidatos comunistas. Evidentemente la mano negra del corrupto, mendaz y sinvergüenza Vizcarra tiene mucho que ver con lo que está ocurriendo en nuestro Legislativo. Porque Vizcarra dio un golpe de Estado para clausurar un Congreso que le impedía gobernar con impunidad, vetándole seguir exponiendo al Perú a más escándalos de corrupción, como advertían las imputaciones de la fiscalía a base de las cuales ahora Vizcarra está investigado por la Justicia. A resultas del golpe, Vizcarra llamó a elecciones y produjo este Parlamento formado por gente en su mayoría no sólo mediocre, sino cobarde. Lo demuestra la conducta de la mayoría congresal que se asustó tras vacar a Vizcarra y elegir presidente a Merino, ya que luego renunció indignamente a perseverar en dicha decisión sometiéndose a los zurdos que la conminaron a votar para que Sagasti presida el Ejecutivo y una leninista el Congreso.

Ojalá los congresistas recuperen dignidad negándose a votar bajo presión, además de hacerlo a ciegas, para aprobar una norma populista.