La Historia nos ha probado que los países que más se desarrollan son los que han permitido, y también estimulado a que la actividad privada haga su tarea, esto es, realicen emprendimientos con sus inversiones, generen puestos de trabajo, eleven el nivel de vida de sus colaboradores con lo cual también promoverán el consumo, el intercambio comercial, la mejor posición de la balanza comercial y de pago y, en general, el despegue de los países.

En la antípoda, los países que desalentaron la actividad privada, que expropiaron, cuando no confiscaron, los bienes de producción y de transformación, así como las actividades extractivas, que ponían camisas de fuerza y marrocas al ánimo emprendedor, que quitaron todo estímulo a la innovación y al avance tecnológico, lo único que lograron fue incrementar la pobreza y matar el espíritu de prosperidad.

Ejemplos del socialismo castrador de la actividad privada los tenemos por todo lado y no es necesario salir de nuestro hemisferio para encontrarlos. Los tenemos muy cerca, sino miremos simplemente a Venezuela.  Cuando los países que abrigaron el socialismo, advirtieron de la desesperanza de los ciudadanos y del incremento de la pobreza, quisieron regresar al sistema de las libertades económicas, pero ello les demandará mucho tiempo, pues otros países los habrán superado.

El socialismo ramplón no solo se mete con los medios de producción de bienes y servicios y con las actividades extractivas, sino que se reserva para el Estado los servicios básicos como agua, luz, telefonía, comunicaciones, transporte, salud y educación.  Olvídense los padres de tomar decisiones sobre la educación de los hijos, pues es el Estado que los sustituye de un plumazo.  Olvídense también de los centros de salud privados, todos serán del Estado que evidentemente no podrá atender a toda la población, la que no es estática, sino que se incrementa día a día.

Han transcurrido pocos días desde el sorprendente, imprevisto y no esperado resultado de las elecciones generales del 11 de abril, en que el candidato de una agrupación de tinte marxista, con un programa de gobierno de corte absolutamente socialista y con promesas de bienestar incumplibles, ha ganado la primera vuelta y ya se inició la campaña por la segunda vuelta, en que su contendor será una candidata que sí cree en la actividad privada y en el rol que le toca desempeñar para el progreso de nuestra Nación.

Esperemos que las otras agrupaciones políticas que compitieron en la primera vuelta y que creen en la economía social de mercado, en las libertades ciudadanas, en la Democracia y en el espíritu emprendedor, sean lo suficientemente patriotas para defender sus creencias y evitar el desánimo de tanto joven que viene perdiendo la esperanza en tener un país mejor.

Estamos a tiempo, somos muchísimo más los que reconocemos los beneficios de las libertades y del empuje emprendedor, por lo que no hay que dejar que los menos nos avasallen sino busquemos que conozcan de los beneficios de las libertades, incluyendo las empresariales.

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