En el Referéndum Nacional realizado el domingo 9 de diciembre de 2018 votamos en contra de la prohibición de la reelección inmediata de los parlamentarios y no por falta de ganas, sino porque este veto popular no resolvería el problema de fondo del creciente desprestigio de este poder del Estado. Estadísticamente, no más del 20 % de los legisladores son reelectos en los comicios, por lo que el remedio resultaría peor que la enfermedad y así fue. No había que ser ducho en ciencia política para anticipar que esta apresurada y “popular” reforma privaría al Congreso de la presencia de congresistas experimentados en materia constitucional y legislativa, y el actual y breve Congreso “Extraordinario” –con honrosas excepciones- es la penosa comprobación de ello y de la mayor precarización de nuestra institucionalidad y representación democrática. Felizmente, faltan pocos meses para las elecciones generales en las que renovaremos los poderes Ejecutivo y Legislativo que lamentablemente no han estado a la altura de la crítica coyuntura que atraviesa la nación.

Visto lo visto, ojalá se tome conciencia de la necesidad de restablecer la reelección congresal inmediata y de que sea la ciudadanía con su voto la que premie o castigue a los candidatos repitentes. Entre tanto, y no obstante la tardía reacción, hay que felicitar al JNE por cerrarle el paso a varios de los ex congresistas elegidos en 2016, disueltos en 2018 y a algunos de los actuales que recurriendo a cuanta leguleya interpretación pretendían sacarle la vuelta a la reforma constitucional y colarse como postulantes en los próximos comicios. La impecable resolución del JNE aprobada por mayoría –una pena el extraviado voto de uno de sus miembros- y que reafirma la seguridad jurídica electoral, deja con los crespos hechos a todos ellos, y no sólo quedan fuera expresamente los ex de marras y los de turno sino también los desaforados, sus accesitarios y los accesitarios de los fallecidos. Así que a elegir a otros y esperemos mejores ya que después de todo la esperanza es lo último que se pierde. ¡AMÉN!