Al sufrido lector de este columnista le sonará el nombre de Saskia Sassen, que he citado en numerosas ocasiones a propósito de su libro Una sociología de la globalización. Viene a cuento mencionarla en esta etapa poselectoral nuestra –con un virtual presidente electo al que su contrincante en el balotaje ha acusado de lobista y con las veladas y no tan veladas referencias al manejo entre bambalinas que podrían tener algunas personas de su entorno, una de ellas banquera, para mayor referencia– ya que Sassen sostiene en su obra que cuando el Estado se inserta en los procesos globales pierde capacidad de intervención en la regulación de las transacciones económicas, “desnacionaliza” o “privatiza” su autoridad y parte de las funciones burocráticas de regulación pública que pierde el Ejecutivo pasan al sector privado.

Hace años sostuve, además, que si esta socióloga holandesa y Premio Asturias viviera en el Perú, tendría material de sobra para un nuevo libro, que podría titularse Una sociología de la suplantación. Porque entre nosotros hace rato que una argolla mediática dicta la agenda política y en no pocas ocasiones nada menos que el Tribunal Constitucional ha pretendido dirigir la política económica.

Esto de paso [la situación política del Perú], confirma el aserto de Sassen en el sentido de que cuando el Poder Ejecutivo se vuelve más privado (y se alinea más con intereses privados), genera un déficit democrático al interior del Estado. Y este déficit se traduce en una indignante falta de transparencia en materias de interés nacional.

Puesta la pica de la duda en el ganador bando ‘pepekausa’ paso ahora, en aras de la equidad crítica, al otro, el de la oposición con aplastante mayoría congresal. Y para ello añado a Chantal Mouffe, profesora de Teoría Política en la Universidad de Westminster en Londres, quien la semana pasada, en El País de España, dio una nueva vuelta de tuerca a los postulados de Sassen, con una óptica crítica que se podría endilgar a los de la tienda naranja.

Dice Mouffe que en el contexto de crisis social y política a escala global ha surgido una variedad de movimientos populistas que rechazan la pospolítica y la posdemocracia. Proclaman que van a volver a darle al pueblo la voz que le ha sido confiscada por las élites. El reto, señala, es que este populismo se maneje de manera tal que lejos de ser una perversión de la democracia y divida apelando a la movilización de los de abajo frente a los de arriba, sirva para construir un nuevo sujeto de la acción colectiva –el pueblo– capaz de reconfigurar un orden social vivido como injusto. Viviremos y veremos…