Al término del proceso de licenciamiento de las universidades del país, Sunedu informa haberla otorgado a 92 universidades y dos Escuelas de Posgrado y denegado a 48 universidades y 2 escuelas de posgrado. Cabe señalar que dentro de este último grupo, a las nacionales se les concedió una especie de salvavidas, ahí están los casos de la San Luis Gonzaga, de Pedro Ruiz Gallo y la que no había iniciado actividades, la Ciro Alegría, previendo una Comisión de Licenciamiento encabezada por el Minedu que se encargue de hacer lo que no pudieron lograr dichas universidades, sin embargo es obvio que si no alcanzaron el licenciamiento es porque no estaban funcionando bien, inclusive en el caso de la San Luis Gonzaga de Ica, acusada de escándalos de corrupción destapado por la prensa nacional y objeto de denuncia penal a sus autoridades de turno, por parte de la Procuraduría de la propia Sunedu, por lo cual lo idóneo hubiese sido que esta especie de “segunda oportunidad” se hubiese hecho “cesando” a la vez a tales autoridades, porque objetivamente fueron éstas las responsables directas de que durante su gestión por una, si se quiere, pésima administración, no hayan obtenido su licenciamiento. De ahí que de este trato diferenciado se cuelguen las universidades privadas, quejándose amargamente de no tener esa suerte y estar condenadas a ir a un cese de actividades irreversible.

Finalizada la fase inicial por así decirlo de la reforma universitaria, se ha dado “segunda llamada” como se diría en el argot teatral, al licenciamiento institucional, esto es, se ha dado pase a los procesos de licenciamiento por “carreras universitarias”, por lo pronto la primera de ellas ha sido la Facultad de Medicina de Cayetano Heredia, a quien se le ha otorgada por diez años, debiendo continuarse sucesivamente este proceso. Sin embargo lo que hay que preparar y perfeccionar son los procesos de acreditación, según la ley universitaria es el Sineace el que tiene la representación estatal en ello, que cuando se aprobó la ley 30220 en el 2014 se indicó que el Sineace entraba en un proceso de reorganización, algo que al parecer nunca se cumplió y esa reorganización se pedía porque como dijo en su oportunidad la presidenta de Concytec Gisella Orjeda, el Sineace había dado acreditaciones que “solo eran puros papeles” y que no reflejaban la calidad académica que toda universidad debería mostrar, como el acreditar que se hace verdaderamente investigación de alto nivel verificables por publicaciones indexadas en bases de datos internacionales de prestigio. Si el licenciamiento ha sido importante para la buena marcha de la reforma universitaria, la acreditación lo es aún más para elevar el nivel profesional, de ahí que estaremos atentos desde esta tribuna.