Gracias a la revista estadounidense National Review –cuyo contenido lo resume el diario Gestión el pasado viernes 13– revive una importantísima acotación de Hernando de Soto a la biblia del neosocialismo encarnada en la obra del economista francés Thomas Piketty “Capital in the Twenty-First Century” (Capital en el siglo XXI) editada y divulgada el 2013, en la cual el autor dice examinar la desigualdad de la riqueza e ingresos en Europa y Estados Unidos desde 1700 a la fecha.

Como lo recuerda National Review, el libro argumenta que la distribución desigual de la riqueza es una característica “mecánica” del capitalismo y predice que dicha desigualdad solo puede continuar aumentando bajo sus cánones esenciales, acarreando miseria, violencia y guerra.

Dos años después, el 2015, De Soto salió al frente de los sofismas empleados por Piketty que invalidan sus aterradoras conclusiones. En un artículo publicado en el diario El País de España bajo el título “Los pobres frente a Piketty”, nuestro compatriota acusa los presupuestos ideológicos en los cuales este basa sus estudios en vez de pruebas concretas.

Un elemento fundamental es que el francés no toma en cuenta para su data a los países en vías de desarrollo (cuyos ingresos y riqueza han tenido y tienen un alto componente informal; por lo tanto, sin registros oficiales válidos) y a los que pertenecieron a la esfera soviética, los que en conjunto y durante un buen tiempo han representado al 90 por ciento de la población mundial.

La publicación norteamericana sostiene que “a diferencia de Piketty, De Soto (sí) tiene mucha experiencia en investigaciones económicas en el mundo en desarrollo”, rememorando los estudios del Instituto Libertad y Democracia (ILD, bajo su dirección) en Egipto y África del Norte donde puerta por puerta acopió valiosa información directa sobre ingresos y riqueza.

Más aún: De Soto asegura que los levantamientos y protestas en esas naciones durante la llamada “primavera árabe” del 2010 no fueron contra el capital sino por demanda de más capital, muchas veces impedido de desarrollarse de manera limpia por la galopante corrupción de la burocracia pública.

Ahora que las revueltas en Chile, Ecuador y Colombia han recibido del neomarxismo el no muy sutil bautizo de “primavera sudamericana” y se insiste hasta el cansancio que el factor “desigualdad” explica totalmente las expresiones de descontento, resulta de gran importancia traer a colación la firme y clara postura del autor de “El otro Sendero” contra la base ideológica que culpa al sistema de libertades de todos los males sociales contemporáneos. Empiezan contra la libertad económica pero terminarán arriando contra la libertad política.

Bueno que retornemos a la ideología. Ahí está la clave.