Su primer poema -que es la dedicatoria- tiene sólo dos versos: “A mi hijo Juan Ignacio, arjé de mi universo creativo”. El hijo amado y la poesía frente a frente. La poesía que “no se escribe/ Navega en el estruendo del silencio/ Flota en el murmullo callado de los árboles/ Detrás de cada montaña/ En el serpenteo del agua /Danzante cual Nereida montada/En augustos delfines.”

Estoy hablando del Reino de lo Inútil, logrado poemario de Jorge Chávez Álvarez, economista de gran prestigio y trayectoria nacional e internacional. Publicado por Hipocampo Editores, reúne en una bella y cuidada edición, cinco poemarios inéditos del autor escritos entre el 2011 y el 2018 que nos ponen frente a un poeta fino e ilustrado que habla de la inutilidad de la poesía confirmando su omnímoda presencia en los azares y tragedias de la vida, de toda vida.

El canto a Alilat, la diosa del amor de la mitología preislámica, tiene un eco increíblemente melancólico. “Se nos hizo un poco tarde Alilat/ Para nuestra sed que cae como gotas de lluvia/ Sobre un cántaro turgente del que zarpa el deseo por grietas/ Que recojo en las honduras de tu carne/ De tu cielo y tu infierno aliados en tus gestos…/ Encorvado el adiós siempre me espera/Alá bajo tus párpados de donde/ Todo se divisa distinto y último/ Y te desbordas como un río.”

Es en Libro III, En el nombre del Padre y del Hijo, en donde Jorge Chávez alcanza la profunda razón de ser de la palabra. Debo decir aquí que tal vez mi juicio no sea crítico ni mi voz objetiva, porque en el nombre del padre y del hijo yo vivo la vida. Pero cómo no enternecerse ante la pulcritud y la belleza literaria de estos versos: “¡Oh Padre!/ Tu sonrisa designa un viento cálido que escampa mis calles mojadas/ Un limón rubicundo que cura el alba/ Y arrea el llanto al corral fecundante de yemas calientes.” Cómo no recordar que “La muerte no te cabe/ embobada en el réquiem de tus ojos/ Haciendo de mí una montaña de tu rostro/ Un rostro de tu nombre/ Una bitácora extraviada/En la cuenca de tu zumo que me salva.”

En Tu Aposento Mío, Chávez Álvarez le dice a su hijo: ”En tu aposento flota invisible / El aliento de tu presencia/ Una presencia de jade inextinguible/ Una apagada lámpara blanquinegra/ Encendida de ausencia/ Sobre tu cama…En tu aposento mío flota invisible La Vida/ Una hercúlea sedosidad de pluma/ Un proscenio para la efigie que marcha/ Como un averío de búhos al ágora/ Del eterno esperma.”

El reino de lo inútil es el reino de lo indispensable, de lo esencial, de lo que es y será siempre sobre el polvo y la hierba. Lo he comprendido una vez más leyendo el libro del poeta Jorge Chávez Álvarez.