Nadie duda que el Congreso de la República está habilitado para hacer modificaciones constitucionales, sean ellas parciales como también totales.
Si se realizan con la votación calificada que ella misma señala, en dos legislaturas sucesivas, no requiere de confirmación por referéndum, lo que sí es requisito en caso de que la mayoría que la acuerde sea absoluta, aunque menor a los dos tercios del número legal de congresistas.
La Constitución, por su propia naturaleza de ser la Ley de Leyes y que ninguna norma puede ser contraria a su texto y espíritu, requiere tener estabilidad, esto es durar en el tiempo, sin estarla variando a cada rato cuando le venga en gana a los legisladores.
Nuestra Constitución pronto alcanzará las tres décadas y como toda obra humana, por supuesto que es imperfecta y que a veces ha requerido alguna modificación o enmienda para mejorarla. Empero, en los últimos años ha habido abuso de poder por parte del Parlamento, al estarla modificando sin motivos valederos suficientes y a cada rato.
En la actualidad hay un crecido número de propuestas de modificaciones a la Constitución, en la Comisión congresal especializada que lleva su nombre y que, para apresurar su trámite, se han dado maña para modificar el Reglamento Interno del Congreso creando más legislaturas ordinarias, a escasas semanas que se realice el cambio de la conformación del mismo con la asunción de quienes fueron elegidos el pasado 11 de abril. Si bien ello puede ser legal, no nos parece legítimo, y no lo digo por haber sido parte del Congreso Constituyente que pergeñó dicha Constitución, sino como abogado que pretende y aspira a que la institucionalidad jurídica no deba ser atropellada.
Hay proyectos de cambios parciales de Constitución para todos los gustos, e incluso algunos de ellos para darle rango constitucional a algunas entidades como la Procuraduría General e Indecopi y de refilón consagrarle a la primera la autonomía que indebidamente se le otorgó por ley, ya que siendo los procuradores los defensores del Estado, este último debería tener autoridad para variar a sus abogados de acuerdo a su buen criterio y voluntad.
Los cambios constitucionales requieren ser muy bien pensados, razonados y reflexionados, dándose el tiempo los legisladores para madurar los temas sobre los que versarían las enmiendas. Por ello son las dos legislaturas ordinarias sucesivas, en que existe un lapso para meditar adecuadamente sobre lo que se aprobó en la anterior legislatura, antes de la siguiente, o también llevar la reforma al referéndum, lo que toma su tiempo.
Las modificaciones constitucionales, o enmiendas como las llaman en otras latitudes, no pueden asimilarse a los zurcidos, remiendos, remalles o composturas como se hacen con algunas prendas de vestir. El tema constitucional es muy serio y no puede estar a como soplan los vientos, sino a lo que la naturaleza institucional reclama.

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