El Inca Pachacútec, para la administración de tan vasto territorio, ordenó la conformación política de los cuatro suyos. El resultado, la construcción y consolidación de un gran imperio. Irónicamente, tras la Marcha de los Cuatro Suyos, el delirante autoproclamado reencarnado Pachacútec, Alejandro Toledo, una vez electo presidente, promovió y promulgó la Ley de Bases de la Descentralización y la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales. La consecuencia, un país fracturado, dividido y corrompido en 26 circunscripciones de nivel regional.

El artículo 29° de la Ley N° 27783 establecía que, para la conformación y creación de las regiones, se requería de la integración de dos o más circunscripciones departamentales colindantes, fusión a ser aprobada mediante referéndum a realizarse en octubre del año 2005, 2009 y 2013.

El corolario del referéndum de 2005 fue que, de los 16 departamentos, 15 votaron en contra. Así, gracias a los iluminados y bien intencionados del Congreso de la República, se eliminó la realización de la consulta popular del 2009 y 2013, estableciéndose que estos se efectuarían cuando los propios gobiernos regionales consideren estar preparados y así lo soliciten… ¡es decir, nunca!

Ante este la renuencia de fusionarse en regiones, lo lógico era “NO SEGUIR CON EL PROCESO DE REGIONALIZACIÓN”. Sin embargo, primaron los intereses personales de los corrupto-caudillos, propietarios de los partidos políticos tradicionales y de los caciques regionales, quienes en su imaginario consideran que el poder político regional adquirido es una propiedad privada y heredable a su espléndido linaje.

Señores, la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales estipulaba la transferencia gradual de las funciones del gobierno central a las regiones, las que tendrían que acreditar sus capacidades ante el Consejo Nacional de Descentralización – CND. Pero, durante el gobierno del inefable Alán García, el CND fue criticado de burocrática. Así, el 24/01/2007, mediante Decreto Supremo N° 007-2007-PCM, se le dio el tiro de gracia al proceso de descentralización y regionalización, aboliendo el CDN, reemplazándolo por la Secretaría de Descentralización, institución que, sin mediar capacidades acreditadas, transfirió a los gobiernos regionales plenas capacidades en sectores estratégicos como vialidad, educación, salud, infraestructura y seguridad.

Así, se condenó a muerte el sueño consolidador del noveno inca. El Covid-19, ahora más que nunca, nos evidencia la corrupción y la precariedad en la gestión de los gobiernos regionales.

Obviamente, en el mundo utópico del Quijote, las regiones desaparecerían ipso facto. Pero, en el mundo real eso no ocurrirá. Entonces, repensemos la regionalización, potenciemos la figura de las mancomunidades como mecanismos alternos, que en manos de las municipalidades funcionarían sin problema. Los recursos que se pierden en coimas, obras sobrevaloradas, sueldos y cuchipandas regionales, deberían ser invertidas por las municipalidades, las que ya tiene toda una estructura organizacional preparada y consolidada. Pero ojo, a los gobiernos municipales también hay que repensarlos, modernizarlos, convertirlos en herramientas para el desarrollo.

Quijotes, si algo no funciona, si ya se pervirtió, se convirtió en refugio de ladrones y botín de delincuentes, pues se acabó y punto.

¡Hermanos, hay mucho por hacer… empecemos por eliminar lo que no sirve!

¡Jubilación Política Ya!