Concluyó la primera vuelta de un nuevo proceso electoral en el Perú. Y pese al cuidado que debió tenerse por causa de la actual pandemia, se repitió la mecánica de todas nuestras elecciones anteriores. El suceso más llamativo de ese domingo 11 de abril fue que la ONPE había dispuesto un horario escalonado para el sufragio, que comenzaba con el de los adultos mayores, quienes responsablemente acudieron a la hora indicada a sus centros de votación. Sin embargo, tropezaron con el problema de la ausencia de los miembros titulares y suplentes de sus respectivas mesas de sufragio.
En esas circunstancias debieron esperar de pie, expuestos al sol o frío, hasta que un joven ciudadano llegara para hacerse cargo de la mesa de sufragio. Y si bien pululaba por allí algún personal de la ONPE, no podía asumir esa función. Ni tampoco podían hacerlo los miembros del orden. Incluso algunos adultos mayores se ofrecieron a realizar esa labor, pero estaban impedidos por el riesgo a su salud. Ciertamente, algunas prácticas del Estado suelen volverse inamovibles y existe un gran temor a la innovación, pero es necesario replantear la medida indicada, considerando que no es la primera vez que los miembros de mesa elegidos no asumen sus funciones. En condiciones normales, los adultos mayores merecen más cuidado y respeto que cualquier otro ciudadano de este país. Y durante un proceso electoral, con mayor razón.
Si tuviéramos un Estado eficiente, se hubiese aprovechado los recientes comicios para realizar exámenes moleculares o vacunaciones o adoptar otras medidas que muestren el aprecio por los ciudadanos mayores. Por ejemplo, la instalación de asientos para que ellos pudieran esperar. Lo más anecdótico de lo acontecido en la organización de este proceso electoral fue que, finalmente, el horario no era de observancia obligatoria. El ciudadano podía presentarse a cualquier hora, por lo que los adultos mayores podrían haber evitado no solo las largas colas y el cansancio, sino también lo más importante: el riesgo para su salud.
En una segunda vuelta electoral, será imperativo disponer con mayor claridad y criterio las medidas pertinentes para proteger a la población vulnerable. Por lo que respecta al horario escalonado, quienes deben ir a primera hora son los jóvenes que incluso puedan tener las condiciones físicas para suplir a los miembros de mesa ausentes. Hasta podrían instalarse mesas especiales para los sufragantes que requieren cierto trato especial, entre ellos los adultos mayores.
Cuando se quiere establecer una política inclusiva es necesario empezar por el respeto y consideración a quienes les tenemos un débito de gratitud. Lo que somos y tenemos, personal y socialmente, se lo debemos a los adultos mayores. Ellos, a pesar del riesgo que supuso para su salud la covid-19, se acercaron a sufragar en orden, con respeto y de forma responsable. Esperamos la mínima reciprocidad para con estas personas.