La pandemia de la covid-19 no da tregua a los peruanos, abril viene siendo un mes sangriento, la segunda ola está lejos siquiera de la mentada “meseta”, lo cierto es que a ritmo de 300 o más personas fallecen al día por este virus, cifras que admite el Ministerio de Salud, las que difieren ostensiblemente con las del Sistema Nacional de Defunciones, las que son “de terror” y no necesitamos ser epidemiólogos para darnos cuenta que la curva se ha disparado de forma más acelerada y vertical que en la primera ola, habiéndose superado los récords de mortandad del 2020; así las cosas al catorce de los corrientes de acuerdo al Sinadef, 151,058 personas han muerto por coronavirus desde el inicio de la emergencia sanitaria, allá por marzo del año pasado. El Sistema de Salud ha colapsado, hospitales y clínicas están abarrotadas de pacientes en estado de gravedad, la esperanza próxima que se tenía y aún se tiene es alcanzar a vacunarse, al menos para no morir. El inicial Plan de Vacunación del Gobierno resultó ser una coladera, felizmente se ha admitido el error y se ha echado a andar uno nuevo, según señalan sobre la base de criterios “territoriales” y con un unificado padrón de ciudadanos tomado de la data del Reniec.
Luego entonces, “la pregunta del millón”, ¿tenemos asegurados el número de vacunas necesarias para cumplir con el nuevo Plan, antes que llegue la tercera ola?, estando ya la letal cepa brasileña en nuestros lares y próximos a sufrir los efectos de la cercanía de la gente en Semana Santa y del día de sufragio de las Elecciones Generales. La respuesta es NO. Se ha dicho de parte del Ejecutivo que estas vacunas de distintos laboratorios llegarán periódicamente, por “lotes”, es decir “puchos”, lo que rebaja la efectividad de “achatar la curva”, disminuir contagios y muertes. No obstante no se puede asignar toda la responsabilidad a la gestión de Francisco Sagasti, sino a las que le antecedieron, pero no dudamos ni un ápice que todo lo relativo al manejo de la pandemia y el uso de los recursos públicos, se llegará a conocer a ciencia cierta con la anunciada “Comisión de la Verdad”, que se conformará en el próximo periodo legislativo y que solo esperamos no se le dé uso político o persecutorio, sino de justicia y sancionador.
Conocer “la verdad” será IN MEMORIAM de todos los caídos por covid-19, algo así como un RÉQUIEM, una misa de difuntos por las personas que murieron al no haberse previsto la compra oportuna de vacunas ni de oxígeno, ni camas y demás equipamiento de cuidados intensivos ni la capacitación de más profesionales de salud, especialmente “intensivistas”, etc; sin dejar de mencionar el desempleo galopante, una economía en shock, el incremento de la pobreza y pobreza extrema y el barrido a la clase media. ¡Nuestros muertos claman por justicia!