Los hemos visto y seguro nos ha parecido todo menos un debate. Lo hemos criticado y seguramente no nos ha convencido. Pensar en que estos candidatos que postulan a la presidencia en momentos tan difíciles puedan asumir el gobierno nos da escalofríos. Mentiras o verdades a medias, ataques, preguntas sin respuestas, entre otros, son muestras de ese temor que la ciudadanía no merece.

Si pensamos en cuestiones simples, para realizar un debate se necesita más de uno. Es decir, la unidad no permite un debate y, del mismo modo, en el otro extremo, la multitud lo distorsiona. Si los participantes de encuentran en un número adecuado para discutir ideas, y conocen las reglas que implica formar parte de ello, hay otros aspectos que son necesarios remarcar.

Primero, un debate necesita manejar un mismo tema. Los candidatos deben entender que hay temas sobre los que va girando cada ronda, cada participación y que cada una tiene un tiempo determinado. Y cada tema debe responder a las inquietudes que quienes escuchan esas propuestas requieren y necesitan resolver con urgencia, pero, sobre todo, con sinceridad.

Segundo, en un debate se debe atacar a las ideas y no a las personas. La intención es que cada quien defienda sus ideas, sus opiniones o intereses con argumentos, con sustentos que evidencien que sus propuestas son viables. Sin embargo, cuando se cae en la demagogia o cuando se ataca los otros, a las personas y no a las ideas, se pierde la razón de ser del debate. Entonces se distorsiona el acto de debatir y la atención se la llevan los memes, las burlas, el ridículo.

Tercero, el manejo del lenguaje es sumamente importante en un debate. No solo el lenguaje verbal, sino también el no verbal. Para una sociedad que parece haberse acostumbrado a las mentiras que la política nos ofrece como quien regala promesas, nos hastía tener que escuchar más mensajes que vuelven siempre sobre lo mismo, que se pierden en la nada o que utilizan la retórica para que terminen cayendo en el vacío.

Finalmente, para debatir se requiere querer debatir. Es algo tan simple como eso. Para entrar en la contienda electoral y presentarse frente a la mirada de millones de peruanos se requiere entender las reglas del juego, respetarlas y, sobre todo, asumirlas. Hacer el ridículo no es una opción. Nuestro país no merece más de esto, necesitamos propuestas claras, viables y concretas. No podemos seguir viviendo más en la ilusión.