Porque es tu deber. Porque el carácter es lo que distingue a la persona y el tuyo, lo quieras o no, está forjado en la fragua de un siglo alucinante que te necesita y te convoca para las grandes y pequeñas batallas en las que se resuelve tu destino y, aunque no lo creas, el destino de los demás. Porque no importa los años que tengas; si son pocos, aprenderás; si son muchos, repasarás lo aprendido e irás para adelante. Pocos o muchos, son tu verdadero patrimonio, la mirada que dura, tu propia e irrenunciable historia.

Resistirás, porque qué es una segunda ola en el mar siempre encrespado de la vida, en la pandemia de la propia existencia donde -tú sabes- no hay vacuna contra el dolor y la tristeza, la tuya, aquella que casi nadie conoce; donde todo está signado por la incertidumbre y en donde la muerte ocupa un lugar que tú conoces bien porque está en tu propia casa, en tu calle, en tus recuerdos y añoranzas.

Resistirás, porque como escucho decir, “no te queda de otra”, que es una manera de predicar desde el púlpito de una guitarra el estoicismo pero también la esperanza. Porque el Perú está hecho de tu impronta, de tu desafío y porque pese a que la frustración es nuestra más honda constante, esa frustración casi no te concierne porque siempre estabas en lo tuyo, en el pan y el sudor de cada día mientras las élites de todo tipo se repartían el país que no construyeron ni defendieron ni nada.

Las circunstancias no hacen al hombre, escribió Epicteto y las tuyas son estas, ahí están, tómalas y cámbialas, sin olvidar que hoy puede acontecer lo que puede acontecer cualquier día y que el único obstáculo de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy, como decía Séneca.

Bajaste de los cerros, te adentraste en el mar, hollaste la cordillera, pusiste un pie y una estaca en la ubérrima selva, levantaste ciudades enteras en medio del polvo, luchaste solo contra la pandemia de la pobreza, contra la primera, segunda y enésima ola de la indiferencia estatal, contra la política con mayúscula, con minúscula y con coima y vergüenza. Contra la ineptitud, la arrogancia y la desfachatez de los que han hecho de ella- con mayúsculas y con minúsculas- una profesión cuyos altísimos sueldos se pagan con tu dinero, el que te cuesta tanto generar y casi nunca guardar. Hiciste lo que tenías que hacer para los tuyos, a la hora que se debía y sin más recompensa que un abrazo, un agradecimiento o algunas flores frescas en tu sencillo sepulcro.

Resistirás porque, en el fondo, nada de esto te es extraño: la incertidumbre, la perplejidad, el desconcierto, la lucha, incluso la barbarie.

Resistirás porque, después de todo, estás acostumbrado a resistir. Pero no se trata de soportar la carga y nada más, sino de hacer que esa carga sea un referente para la acción. Como decía Arquímedes: dadme un punto de apoyo y moveré la tierra. Que cualquier adversidad sea tu punto de apoyo para hacer una palanca hacia adelante y mover tus sueños un poco más allá de donde están ahora.