Los seres humanos respiramos tomando el oxígeno del aire, mediante un proceso que consiste en inhalarlo para que ingrese a los pulmones y exhalarlo. Al pasar a la sangre y, a través de la circulación, se produce la oxigenación de los tejidos y la expulsión del dióxido de carbono.

El Covid-19 causa daño pulmonar, y por consiguiente, dificultad respiratoria. En nuestro país se ha producido escasez de oxígeno medicinal, lo que generó de inmediato casos de especulación por algunos distribuidores (“oportunistas de la desgracia que elevan el precio de algo que es tan vital”, los llamaría Monseñor Miguel Cabrejos) y dolorosas escenas para quienes padecen de esta infección.
Respirar, algo indispensable que damos por descontado, al ser inherente a la vida humana y que solemos hacerlo inconscientemente, se tornó en un drama para muchos peruanos. En algunos casos, bastan unos pocos litros de oxígeno a través de un tubo o cánula nasal para recuperar al enfermo. Cuando el mal es más grave, resulta imprescindible un respirador mecánico. El oxígeno, al que encontramos gratis en el aire mezclado con nitrógeno y otros gases, se convirtió en un producto codiciado y acaparado.

En estas condiciones, como otras tantas veces en la historia peruana, los empresarios (chicos, medianos y grandes), la academia y la Iglesia se unieron para complementar los esfuerzos del Estado. Específicamente, para dotar de oxígeno a las víctimas del nuevo coronavirus, recogiendo la experiencia exitosa de colaboración público-privada en la lucha contra la pandemia de otros países. La acción deberá orientarse a nuestros compatriotas más vulnerables por su condición de pobreza, abandono, edad u otras razones. La Sociedad Nacional de Industrias, en concordancia con su compromiso con el país en sus 124 años de existencia, la Conferencia Episcopal Peruana, presente en todo el curso de la pandemia al lado de los más necesitados y la Universidad San Ignacio de Loyola, de acuerdo con su misión de formar profesionales competentes y emprendedores con responsabilidad social, convocaron a todos los peruanos a una cruzada que no solo permita respirar al enfermo, sino que nos renueve el espíritu solidario característico en nuestra nación.

Respira Perú se constituye pues, en un nuevo hito en nuestra fraternidad, que permanecerá hasta lograr derrotar a la pandemia en todos y cada uno de los rincones del país, para lo cual se convoca a la sociedad en su conjunto. Los recursos serán administrados por Cáritas y destinados a la provisión de plantas de oxígeno, compra de equipos médicos para la respiración, concentradores, balones, etc. Todo ello con la asesoría y autorización del Ministerio de Salud, a fin de reducir las necesidades de camas UCI. De manera ejecutiva, ya se adquirieron ventiladores y oxígeno para contribuir con Arequipa, muy afectada en las últimas semanas.

Los 8’253,000 soles aportados por los peruanos en solo 5 horas de transmisión, el pasado 11 de julio, se suman a las donaciones por más de 520 millones de soles realizadas por el sector privado (350 millones en bienes y servicios y 170 millones en aportes económicos).

La pandemia ha mostrado algunas de nuestras falencias como Nación y como Estado. Nosotros podremos convertir estos momentos inciertos y dramáticos, en el punto de partida de un Perú diferente, en el que podamos garantizar la vida, la salud y el bienestar de todos. Ese es el Perú que nos merecemos. Luchemos por construirlo. Todos somos necesarios. Todos somos igualmente peruanos.