Por Vicealmirante(r) Francisco Calisto Giampietri

Días atrás por este medio, publiqué un artículo relacionado con la conciencia situacional y la capacidad inigualable de un personaje del Poder Ejecutivo que hizo gala con su actuación al estar totalmente ajeno a este concepto, vemos con estupor que la falta de conciencia situacional en esta administración se ha caracterizado, cual virus pandémico, en tener la capacidad de transmitirse entre varios de sus iguales, transmutándose en las más complejas variantes conforme avanza de individuo a individuo al cual afecta. Vemos que no solo fue el entonces “ministro bailarín” el único afectado, sino éste en su desenfrenado baile, que por cierto no pudo estar más descoordinado de la coreografía capitaneada por su jefa la dalina geriátrica de turno, nos permite afirmar con prístina claridad y a la luz de los hechos, que dicha propagación virulenta se expandió hasta los más altos funcionarios de nuestro país.
Es así y no podría ser de otra manera, que vemos al inquilino que calienta el sillón de Pizarro, merced a la incoada falta de conciencia situacional, ha permitido que se instaure en nuestro país un régimen el cual será un lastre en el cuello de todos los peruanos, incluyendo a los miopes cerebrales que votaron y trampearon por lograr instaurar tan trasnochado régimen de gobierno, el que no permitirá que nos desarrollemos hacia el futuro que merecíamos con miras a nuestro bicentenario y que el día de hoy es más incierto cada vez.
Me cuesta entender que el odio haya podido más que la razón, pues no hay otra respuesta a esta lamentable situación, que se veía acercar potenciada por la inacción de un sistema electoral que prevaricó en su función primordial y distó mucho de asegurar a los peruanos una elección transparente y justa. Vientos de divisionismo y desazón respiraban en la nuca del poeta del pañuelo de seda, quien al más puro estilo de una revista cosmopolita, hoy se retrata utilizando de tramoya a los héroes de nuestro país, con tal desparpajo que produce ante cualquier peruano de bien, arcadas del desasosiego que podemos sentir, no creo que tal respiración, de los vientos rojos del este, no haya podido ser percibida golpeándole desde atrás, infiero que por alguna de estas dos tesis, la primera: debido al embriago del oropel en el devenir de sus transitorios días palaciegos, los que habrían tal vez generado su insensibilidad a la incoada respiración a contramano, o la segunda: su odio pudo más…. Y lo dejo ahí.

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