A doce días de la segunda vuelta y con resultados al 100% de actas contabilizadas por la ONPE, habiendo quedado primero Pedro Castillo con 50.125% y segunda Keiko Fujimori con el 49.875%, con una diferencia a favor del chotano de 44,058 votos, traducido en un 0.25%, aún los más de 32 millones de peruanos seguimos a la espera de la proclamación del presidente o presidenta del Bicentenario, hecho que no ha llegado por la serie de nulidades de mesas de sufragio del interior interpuestas por el Partido Fuerza Popular que se vienen ventilando en sede de los Jurados Especiales y en última instancia del Jurado Nacional de Elecciones (situación inédita en los procesos electorales), lo que tomará siendo optimistas al menos una semana más para que llegue a su fin el capítulo del Balotaje y tengamos oficialmente a quien conducirá los destinos del país los próximos cinco años (al menos en teoría).
Pero y después ¿qué?, si acaso una de las lecciones más fuertes que nos deja estas justas electorales es la de un país fracturado, el haber evidenciado el cisma entre los pueblos urbanos y rurales, en donde en unos, el desarrollo y crecimiento económico llegó, mientras que en los otros, la pobreza humillantemente sigue siendo su signo distintivo, con un Estado que brilla por su ausencia y por el cual parecieran no sentir pertenencia.
Quien resulte proclamado como nuevo presidente o presidenta del Perú, deberá enfocar sus esfuerzos en integrar a todas esas poblaciones rurales de las zonas altoandinas, amazónicas y de fronteras, proveyéndoles de bienes y servicios básicos, a la sazón, agua potable, electricidad, escuelas, hospitales, internet, etc., que mejore su calidad de vida. Tarea que un buen gobernante con voluntad política, sentido común y asistencia de cuadros técnicos con experiencia en gestión pública podrá llevar a cabo, pero lo que verdaderamente le será difícil es el gozar del respeto, de la ascendencia, de la “legitimidad” sobre sus gobernados, máxime si en este Balotaje en muchas regiones se ha puesto en duda su capacidad de elegir, se ha cuestionado su voto, se les ha sindicado como parte de una maquinaria para cometer fraude en perjuicio de la voluntad popular, si por su nivel de educación y condición humilde (mayoritariamente gente del campo), se ha cuestionado su firma, etc.; en buen romance se les ha restado “ciudadanía”.
Quien tal hizo, gane o no estas elecciones, tendrá que volver a empezar, reinventarse, a efectos de construir “confianza”, confianza de un país con marcada desigualdad social y más polarizado que ayer pero menos que mañana. ¡Bienvenido Bicentenario del Perú!

Para más información, adquiere nuestra versión impresa o suscríbete a nuestra versión digital AQUÍ.

Puedes encontrar más contenido como este siguiéndonos en nuestras redes sociales de Facebook, Twitter Instagram.