Recojo del Mensaje Presidencial de José Pedro Castillo, las imprecisiones históricas que, además de una falta de conocimiento de sus asesores, denotan una actitud de confrontación entre “opresores y oprimidos” típica del marxismo leninismo, con la que debemos tener mucho cuidado; sobre todo, en estos momentos en que se requiere propiciar la unión y la paz, con base a la verdad, tanto entre nosotros mismos como también con otros países.

A 200 años de proclamada la Independencia en Lima, tenemos el deber de perfilar nuestra identidad peruana, de cara al futuro; sin quedarnos en un relato sobre el pasado que está llenos de mitos e imprecisiones, en lo referente a nuestras raíces, tan estudiadas por los historiadores que han bebido en las fuentes mismas de las crónicas y tradiciones que se han escrito o han pasado oralmente de generación en generación.

Somos un país multicultural sin dudarlo, como casi todos los países en el mundo. Provenimos de pueblos aborígenes que habitaron nuestro territorio antes y paralelamente al Imperio de los Incas; como también de los pueblos hispánicos, en los cuales nunca corrió una sola sangre, sino muchas otras, como las de los árabes y judíos.

Pero también los peruanos, recibimos aportes de las culturas asiáticas y africanas, así como de otros países occidentales. Pretender sentirnos “oprimidos” por tal o cual pueblo que, aportó, en mayor o menor medida, a lo que ahora somos; no sólo es un despropósito sino que representa un peligro para nuestra vocación pacífica, hospitalaria y acogedora, propia de una cultura mestiza con aportes indigenistas y aportes hispánicos, judeo-cristianos que se entroncan con Grecia y Roma.

La gran mayoría hablamos el castellano, aunque debemos conservar nuestra gran diversidad lingüística que proviene de la regiones amazónicas y de las regiones alto andinas, como es el caso del quechua y aymara. Pero, no podemos pretender señalar a un idioma como “opresor” de otro, cuando en la práctica, lo que se produce es un aporte entre ellos, por el hecho de que se hablan en una sola Patria.

Nuestros apellidos son de origen hispánico, principalmente; pero también provienen de pueblos y culturas originarias, o de otros países. Ninguno es más distinguido que otro, por provenir de un determinado origen u otro. Son las personas, quienes con su conducta, como es el caso de los héroes, pueden dar brillo a su nombre.

Una cultura que es, preferentemente católica, pero que convive pacíficamente con las demás, en busca del bien común, sin dejar de evangelizar por mandato del mismo Cristo, respetando siempre la libertad de conciencia. Por tanto, que no busca imponerse, ni menos “oprimir” como pretende hacernos creer el materialismo marxista leninista o el mismo liberalismo.

Aceptar un revisionismo de la historia del Perú, sin fuentes veraces que la sustenten; sino por motivos ideológico-políticos, es inaceptable. Es querer borrar el trabajo prolijo e impecable de tantos historiadores de gran nivel, como los que siempre hemos tenido y tenemos, en favor de una manipulación que quiere reducirlo todo a un conflicto entre “opresores y oprimidos”, para abonar en una lucha de clases que destruiría el país.