Ricardo Aguirre Arriz

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Atención burgomaestres

Tengo cercanía con dos empresas muy distintas pero que comparten una situación patrimonial similar. Ambas son empresas productivas con muy buena evolución y existen hace varias décadas. Ambas tienen una buena estructura de balance y son reconocidas por sus clientes. Pero ambas tienen un lindo problema común: están sentadas sobre tierras que en su momento valían poco y que ahora valen muchísimo y ambas, casualmente, compraron tierras en Chilca hace varios años para poder eventualmente mudarse y no ven viable la posibilidad de mudarse en el corto plazo. ¿Por qué?

Empresas industriales con cientos de trabajadores, requieren establecerse en ubicaciones donde el acceso a sus plantas sea relativamente fácil. Requieren estar ubicados donde el desplazamiento de sus trabajadores de ida y vuelta a sus casas no sea de muchas horas y ojalá cerca a centros urbanos donde se pueda acceder a servicios básicos hospitalarios y educativos para las familias. Lamentablemente, y a pesar de que ya llevamos más de una década viendo el despegue de Chilca y sus alrededores como polo industrial, los municipios correspondientes no se han ocupado de desarrollar la infraestructura adecuada para el traslado de familias a la zona. Sé, de primera mano, de varias empresas como las mencionadas arriba que llevan años “pensando” en la eventual mudanza pero que no pueden dar el paso porque no hay colegios, postas médicas ni mucho menos desarrollos habitacionales.

Mientras la burocracia edil ralentiza la evolución de las industrias, hay empresas que, como las mencionadas, tienen magníficos activos pero pudieran estar pasando por momentos de iliquidez o estrechez financiera. ¿Cuál es el resultado? ¿Qué termina pasando con esas empresas? Aunque suene ilógico e increíble, muchas de esas empresas sentadas sobre “oro” terminan cerrando y despidiendo a su personal y –como muchas de ellas son segundas o terceras generaciones familiares– se termina dando la nefasta estadística en la cual las generaciones venideras quiebran las empresas de sus padres. Los socios y herederos probablemente terminan quedándose con algo de dinero en sus bolsillos luego de vender sus inmuebles, pero al mismo tiempo se quedan sin negocio y dejan en la calle a muchas familias de trabajadores que no tienen por qué pagar las cuentas.

Aunque es casi un cliché, Lima y sus alrededores requieren urgentemente de una adecuada planificación para su crecimiento, y eso incluye los polos industriales como Chilca. Atención, señores burgomaestres, ahora que empiezan sus períodos ediles.

 






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