Ricardo Aguirre Arriz

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No es la empresa, es el empresario

La podredumbre de Lava Jato, Odebrecht y Barata no termina de dar coletazos en nuestro país, pero ya es momento de mirar hacia adelante. Ya Odebrecht y Barata están colaborando con la justicia de su país y, acá en el Perú, los implicados ya están siendo juzgados. Estoy seguro inclusive de que, luego de las sorprendentes prisiones preventivas anuladas, hasta los mismos jueces están ahora sopesando mejor sus resoluciones.

Graña y Montero es probablemente la más importante empresa de construcción e infraestructura del país y ya hace más de un año que decidió mirar hacia adelante. ¡Y vaya que está demostrando que después de la guerra es posible renacer! Pero, sobre todo, está demostrando que las empresas no son personas y que a las empresas no se les puede meter presas; que las empresas son grandes generadoras de empleo y de valor y que, si a alguien se le debe penalizar por hacer algo mal, no es a ellas sino a los actores de las mismas.

El nefasto decreto de urgencia 003, que no hizo más que bloquear la cadena de pagos y generar una parálisis inexplicable en el mundo de la construcción peruana, fue un fallido intento de meter presas a las empresas que nada de culpa tenían, y en ese intento se afectó a miles de familias que nada tenían que ver con los actos de corrupción de los dueños y gestores de las mismas.

Hoy, los actores están o presos o siendo juzgados y las empresas empiezan a renacer y a generar valor para la sociedad en la que están inmersos. Es el caso de Graña y Montero, donde su expresidente José Graña Miró Quesada está siendo juzgado bajo el régimen de comparecencia simple mientras la empresa avanza en su plan de fortalecimiento. Su actual gerente general, Luis Díaz Olivero, está liderando la transformación de la empresa. GyM está ya vendiendo más que el año anterior y su backlog (el volumen de facturación futura comprometida) se viene incrementando de manera importante. Esto, junto con la desinversión de líneas de negocio no estratégicas y la reducción de la deuda, está logrando un renacer de la empresa con utilidades netas positivas y la posibilidad de mirar hacia adelante con optimismo. Para el año que viene esperan crecer en facturación y backlog, además de fortalecer su patrimonio con un muy auspicioso incremento de capital. ¡El problema no es la empresa, es el empresario!

 





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