El coronel sí tiene quien le escriba

  • Fecha Viernes 10 de Mayo del 2019
  • Fecha 2:50 am



Puede haber muchas definiciones de policía política. Una de ellas es aquella fuerza armada y de inteligencia que trabaja no al servicio del Estado (que somos todos) sino al servicio del gobierno de turno y en contra de determinados actores políticos que, por lo general, son adversarios o enemigos. Otra definición que puede tenerse por indiciaria y complementaria de la primera es aquella en la que el jefe de la policía realiza opiniones políticas avaladas por el gobierno (pero prohibidas por la Constitución, que les impide deliberar políticamente) en contra de actores políticos y autoridades del Estado que nunca pertenecen al gobierno de turno.

Este lunes desfilaron ante una comisión ordinaria del Parlamento el ministro del Interior, el jefe de la Diviac (División de Investigación de Delitos de Alta Complejidad) y el director de la Policía Nacional, así como los agentes que participaron en el operativo que terminó con el lamentable suicidio de un expresidente del Perú. El objeto de la pesquisa legislativa era obvia: saber si se cumplieron con los protocolos para una intervención de esa envergadura dada la alta dignidad que se pretendía detener.

La sesión duró cinco horas y nunca quedó claro si esos protocolos se cumplieron, porque la policía se fue por la tangente con una serie de artimañas dejando en la penumbra el objeto del interrogatorio. Por supuesto que a quienes hemos visto la televisión, los titulares de los diarios, opinólogos invitados y hasta algunos políticos y colegas de quienes estuvieron en la sesión – presidida por Jorge del Castillo– nos han querido vender la idea de que la policía fue maltratada por los congresistas.

La “objetividad” unánime de la aplanadora antifujimorista y antiaprista puede graficarse en la entrevista de Jaime Chincha sobre el tema. El periodista abre con el típico soliloquio que dice que hay “consenso” entre varias personalidades de que los policías fueron maltratados y convocados a una emboscada por la comisión para luego recalcar que ÉL se encuentra entre los que piensan eso –¡como si a alguien le tuviera que importar la opinión por adelantada del entrevistador!– y, acto seguido, anuncia con bombos y platillos….¡al ministro del Interior! para que se despache a sus anchas contra la comisión y el Congreso.

Vamos a quedarnos con lo sustancial de la sesión que es lo que la casi unanimidad de la prensa ha querido vender: que la Diviac no es una policía política (que fue lo que dijo el almirante Tubino para luego disculparse, en un exceso de caballerosidad como acostumbran quienes han sido formados en la Marina).

Quien dirige la Diviac es el coronel PNP Harvey Colchado. Hace unos meses, este policía dijo, entre otras cosas, al portal web Convoca.pe: “[El fiscal de la Nación] Pedro Chávarry es un ‘cuello blanco’. Su permanencia en el cargo altera los avances realizados por las fiscales Rocío Sánchez y Sandra Castro. Chávarry sí se prestaba [a las acciones de esta red]. Estos tres fiscales (Chávarry, Rodríguez y Gálvez) funcionan como una unidad. Los tres conforman un triángulo que deja visos de que son una red criminal, no sólo aquí sino a nivel nacional. Es clarísimo que el fiscal del partido fujimorista es Pedro Chávarry. Esto ha quedado demostrado con la falta de voluntad de la bancada fujimorista para iniciar un proceso contra Chávarry.”

Si lo que dice el jefe de la Diviac no son declaraciones y opiniones políticas sobre autoridades del Estado y sobre líderes de partidos políticos y bancadas específicas en el Congreso, entonces, ¿qué son? El coronel imparte sambenitos a diestra y siniestra al amparo y con la bendición de una amplia cobertura periodística, de sus superiores, del presidente de la República, del juez Concepción Carhuancho y de los fiscales del equipo Lava Jato Vela, Pérez y compañía. En otras palabras: el jefe de la Diviac DELIBERA impunemente y pretende, con sus periodistas ayayeros, que la Diviac no es una policía que, por lo menos, da indicios más que razonables para calificar como POLÍTICA EN SUS OBJETIVOS.

En resumen. 1.- La Diviac sí es una policía con intereses políticos evidentes apoyada por una maquinaria política (prensa, ONG, gobierno, red de fiscales y jueces conocidos, etc.). 2.- El operativo de intervención en la casa del expresidente Alan García fue un completo desastre, no por su suicidio –como se pretende hacer creer a los despistados– sino porque salta a la vista la improvisación y desorganización de lo poco que se conoce que ocurrió, a través de la grabación sin audio a cargo de una policía “especialista en delitos de alta complejidad” que no sabe ni cómo opera una filmadora.










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