Hablemos de Rosa Chumbe, quizá unas de las películas más arriesgadas del cine peruano en los últimos años (y que posee muchos de los atributos que busca el espectador más exigente).

Rosa Chumbe es el nombre de una policía que vive una relación conflictiva con su hija, una joven madre soltera que lleva ya un niño a cuestas y que acaba de quedar embarazada otra vez. Luego de desempeñar sus labores en la comisaría, Chumbe pasa sus noches acompañada siempre de una botella de ron y del llanto del bebé que a veces se encarga de cuidar. La paradoja es evidente pues esta policía, cuya labor es brindar seguridad y mantener el orden, es una mujer que ha perdido el dominio de su propia vida, aunque sabemos desde el principio que se aferra a la aparición de una mínima esperanza, un pequeño milagro. La escena inicial lo plantea muy bien cuando vemos a la protagonista en un tragamonedas, intentando que la suerte la ilumine un poco.

Uno de los logros de la película es el retrato de esa inhóspita Lima en la que se circunscribe. El entorno de Chumbe se muestra en su natural y sencilla crudeza, desde las calles o lugares que forman parte de su recorrido hasta el interior de su hogar. Todo parece tan precario y amenazador al mismo tiempo. Incluso los personajes que la acompañan son extensión y producto de esa Lima del caos y la miseria.

La ópera prima de Jonatan Relayze se mueve con una lentitud necesaria y placentera. En ella los diálogos escasean porque las imágenes están cargadas de todo lo que se nos pretende transmitir: una permanente sensación de fracaso y desamparo. Es notable cómo el director, en medio de esta áspera representación, sabe mostrar la belleza en elementos aparentemente banales (el sinuoso movimiento de la sangre dentro de un retrete, por ejemplo).

En el filme ningún elemento está insertado de forma gratuita, y en alusión a esto destaca mucho un programa cómico que irrumpe en la cotidianidad de Chumbe y que pareciera ser lo único que la arranca de los problemas, una especie de anestesia contra ese exceso de realidad en la que está inmersa. Allí uno percibe que, pese a vivir en constante adversidad, ella es capaz de acariciar un poco de redención. Rosa Chumbe nos habla así de la suerte, la fe, las segundas oportunidades, aquellos sucesos inexplicables que iluminan las vidas opacas de sus personajes.