La rumiación es el pensamiento circular: “¿Y si hubiera?” o “acabo de meter las cuatro”. Un correo enviado puede ser fuente de angustia y se comienza a rumiar. Varía de persona en persona. El miedo como sensación típica acompaña a la ansiedad, pero ya no es el pasado lo que inquieta sino el futuro, ese futuro signado por la pregunta: “¿Y si…?”. La rumiación también se relaciona con la preocupación y el futuro.
Rumiamos o nos preocupamos en el extremo cuando estamos frente a situaciones que no podemos controlar. ¿Qué no podemos controlar? La suerte de un avión cuando estamos dentro, un terremoto, una revolución, una tiranía, una enfermedad que nos somete… y mucho más. Ese “mucho más” abre demasiado el campo de lo que está fuera de las manos y que son situaciones que tratamos de eludir.
Uno de los mayores temores es la incertidumbre, cuya sustancia es la sorpresa o lo inesperado. Lo inesperado hace que no cerremos los ojos en un viaje interprovincial signado por las curvas y los abismos. “¿Y si de repente…?”. En el fondo el problema es que estamos sobrecargados de información y mientras más sabemos más tememos. De no saber que hay trenes que se descarrilan, cerrarías los ojos en un sosegado viaje de vagón. Todos tememos “no estar preparados” y odiamos que se confirme lo que es poco probable. Por decir, en 2019 nadie en absoluto podría pensar ni de juego que en dos años una pandemia atacaría al mundo, que en el Perú habría más muertos por ella que en todas sus guerras juntas y que las elecciones nos pondrían en una situación que se parecería más a la víspera de la revolución de octubre en la Rusia de 1917 que a un proceso tradicional. Sí, peste y revolución, que en años y años de raciocinio no cabían en la lógica.
Hace unos meses un cohete chino en su fallida ruta dio vueltas por los continentes como una ruleta rusa. En todos los países se especulaba dónde caería y la especulación llevó al terror, mientras millones, que no leen ni saben, la pasaban bien. Pasó lo mismo con un asteroide. Hace meses uno pasó “cerca” y lo curioso es que poco antes el magnetismo de la Tierra se alteró. ¿Una posible colisión? Mientras lees y estás mejor informado que tu vecino, él se tiende en la arena, despreocupado y feliz, mirando el mar.

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