Presidente Sagasti, cuando ocurren hechos que ponen en riesgo la salud y/o la vida del ciudadano, como ha sucedido con una nueva cepa del virus covid, los ajustes del caso no necesariamente exigen ser anunciados por el presidente de la República en un mensaje a la Nación. Bastará que el ministerio del ramo emita un comunicado de inmediata publicación, colocarlo en su página web y retransmitirlo a las redacciones de los medios de comunicación, indicando su prioritaria difusión. Menos corresponde que aparezca el jefe de la Nación, como es su caso, anunciando la restricción de vuelos –directos, escalas, transbordos, etc.– procedentes de Gran Bretaña (donde ha aparecido esta mutación viral), destino de escasa presencia de nuestra sociedad y viceversa. Su estadía ante cámaras, reverberada por esa clásica parafernalia del jerarca –lanzada desde un escenario intimidador en el mero centro del comando– dice lo contrario a su objetivo. Lo que ocurre presidente Sagasti, es que usted considera que el pueblo lo ha elegido presidente de la República. ¡Y entiéndalo, no es así! Usted es la consecuencia de un putsch congresal manejado por la izquierda, de la cual usted forma parte como integrante de la nomenklatura oficialista que mantuvo en el poder a PPK y Vizcarra. Una izquierda que apeló a incendiar las calles, propiciando la renuncia del expresidente Manuel Merino y haciéndose del Ejecutivo sin el voto del Soberano. Incluso el Parlamento lo digitó como presidente temporal durante ocho meses en una etapa electoral cuya transparencia es el compromiso prioritario de su propia función. Igual de preeminente es su compromiso para enmendar los entuertos de su predecesor, en lo que concierne a su calamitosa –con visos de crimen de lesa humanidad– gestión ante la covid-19. Por cierto, nada funciona sin recursos financieros, de manera que parte de su obligación ante el Congreso que lo designó corregir la economía destruida por el régimen Vizcarra, responsable de devastar las finanzas al dilapidar nuestros recursos.

Sin embargo, así como tiene usted estas líneas fundamentales de acción como metas de obligatorio cumplimiento, tiene prohibido alterar las políticas generales trazadas por el gobierno que eligió el pueblo en 2016. Vale decir, usted deberá ceñirse al programa que ofreciera el ex mandatario Kuczysnki, del cual usted es ahora una mera y colateral circunstancia. Recuérdelo. Es usted un subproducto de la gigantesca corrupción que agobia al Perú reflejada en esa patética realidad de tener a cuatro jefes de Estado –Toledo, Humala, Kuczynski y Vizcarra– imputados por esta lacra. En consecuencia, no habiendo sido usted elegido por el pueblo, toda iniciativa en contrario a los parámetros que contempla el programa de gobierno de PPK le está completamente vetada por mera lógica electoral. Más aún, el hecho de que distraiga usted su apretado –además de crucial– tiempo en menesteres diferentes a estos tres vectores fundamentales: Salud Pública, Economía y Elecciones. Merecerá más temprano que tarde que el largo brazo de la Justicia lo lleve a hacer compañía en el banquillo de los acusados a esos cuatro predecesores suyos. Téngalo muy presente.