La Subcomisión de Acusaciones Constitucionales (SCAC) es un órgano parlamentario encargado de calificar la admisibilidad y procedencia de las denuncias constitucionales y de investigar en los procesos de acusación constitucional.

La SCAC tenía citados el día de hoy al vacado expresidente de la República Martín Vizcarra, a las exministras P. Mazzetti y E. Astete (todos ellos objeto de dos denuncias constitucionales en trámite), así como a otros funcionarios públicos y privados cuyas declaraciones se estima importantes para la investigación de “Vacunagate”. Entre estos últimos se tenía citado al congresista F. Sagasti, para aclarar la contradicción existente entre su versión de que desconocía que la ministra Astete se había vacunado y la afirmación de ésta de que el 21 de enero de enero último no solo le informó que se vacunaría sino que recibió su asentimiento o aprobación.
Hoy no se presentaron ni Vizcarra ni Sagasti a la audiencia.

Del primero sólo diré que es más que notorio su afán de frustrar las investigaciones derivadas de varias denuncias constitucionales presentadas en su contra.

Me ocuparé del segundo, de Sagasti, porque no solo inasistió hoy sino que desde ayer los medios de prensa ya tenían copia del documento mediante el cual anunciaba su inasistencia. Ese documento fue leído hay en la sesión de la SCAC y saltan dos cosas a la vista. Primero, que Sagasti pretende que bastan nueve líneas escritas en su documento para eludir presentarse y responder a las preguntas que puedan hacer los miembros de la SCAC.

Salta también a la vista que Sagasti se autodenomina “Presidente de la República del Perú”, atribución que es indebida y que colisiona con la Constitución y la realidad.

Desde hace años vengo sosteniendo y demostrando exegéticamente que solo los integrantes de la plancha o fórmula presidencial elegida por votación popular pueden llegar a ocupar el cargo de presidente de la República. Agotada tal fórmula por renuncia, muerte, vacancia, etc., de sus integrantes (presidente y vicepresidentes) la Constitución, sabiamente, para evitar el vacío de poder, tiene previsto que el congresista presidente del Congreso asuma la función o el despacho presidencial hasta las inmediatas elecciones. En ningún momento el Art. 115° de la Norma Fundamental menciona la asunción del cargo.

Sin duda, Sagasti no puede refrenar sus ansias de escalamiento social o peor aún sus expectativas de lograr la pensión vitalicia que la ley asigna a los ex presidentes de la República.

Es menester entonces pedirle que se ubique. ¡Sagasti no es presidente de la República!