Por: Marco Antonio Arrunátegui

Decía el filósofo Lucio Anneo Séneca, nacido en España en pleno auge del Imperio Romano: “La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo”. Y Sagasti es denigrado por esa esclavitud, lo que lo hace débil, tetelemeque e inactivo. Así diga lo contrario.
Su convicción marxista, lo hace esclavo de los autógrafos que les pidió embobado a Cerpa Cartolini, el delincuente secuestrador del MRTA, y de su secuaz (a) “El Árabe”. Las alambicadas explicaciones que dio luego, no sirvieron sino para ratificar que siente vergüenza de sí mismo. Quisiera que no hubiera sucedido, pero sucedió. Se dejó arrastrar por sus pasiones, avasallando sus razones.
Así y todo fue elegido Congresista por un amasijo de oportunistas de diverso pelaje, al que ellos lo bautizaron como Partido Morado. Siendo que de Partido no tiene nada. Instalado cómodamente en el Congreso, se dejó nuevamente llevar por sus convicciones ideológicas y engrosó las filas de los áulicos de Vizcarra. Al que defendió sin cortapisas, sabiendo que es un coimero. Un sinvergüenza.
Y como el futuro y la vida nos dan sorpresas, de pronto la caviarada en pleno hizo lo imposible (previa campaña inmisericorde contra Merino) para ungirlo Presidente. Algo que ningún caviar había podido conseguir (ni lo conseguirán en las urnas).
Y aquí vino su gran problema. Es esclavo de su gran admiración por terroristas. Es esclavo de las infamias que profirió contra la Policía Nacional, a la que incluso calificó de asesina, por la muerte en circunstancias aún no precisadas, de dos manifestantes con antecedentes policiales, a los que elevó a la categoría de héroes.
Es la continuación del inepto Vizcarra, al que ha sucedido vía trampolín, y al que no tuvo la lucidez de criticar. Ejerció una cerrada defensa del dictador. Defendió a rabiar, el cierre inconstitucional del Congreso. Envileciendo con determinación, su convicción sobre el Estado de Derecho.
Aplaudió vehementemente las “manifestaciones, libres, espontáneas y constitucionales de la población”, haciendo vista gorda de los graves daños contra la propiedad pública y privada, que esta turba cometió, y a la que él, cubrió con un manto de impunidad.
Se opuso desde su escaño, con ceguera, a todo lo que afectaría a su alter Ego, Martín Vizcarra, y como tal, se opuso furibundo a su vacancia, a pesar que el 82% de la población lo percibe como corrupto. Se puso anteojeras a prueba de Kriptonita.
Aún si no fuera esclavo de las tonterías a las que se dejó llevar por sí mismo, tiene el ADN del fracaso porque es izquierdista. Como lo fueron todos los que empobrecieron sus países y demostraron con hechos, que fueron fabricados para estar de un solo lado de la mesa; la de la oposición.
Bueno, ahora está en el poder, con un país en llamas y sumido en una crisis generalizada de las que emergen como más catastróficas, una crisis sanitaria y otra económica. Complementadas con un país sumido en el caos y la delincuencia.
¿Cómo le enrostra a Vizcarra haber sido el hacedor de tanta desgracia por incompetente, si lo defendió a capa y espada en el Congreso? Esclavo de sí mismo.
¿Cómo disimular su odio a la Policía y a las Fuerzas del Orden en general, cuando ellos abatieron a sus epónimos terroristas, a sus admirados emerretistas? Esclavo de sí mismo. ¿Cómo alentar la inversión privada, “a costa de los trabajadores”, si su sueño es el reparto de la riqueza de los ricos, entregándola a los pobres? Esclavo de sí mismo.
Irresponsablemente, elevó al altar de Héroes, a los dos estudiantes prontuariados muertos en las turbas callejeras contra Merino. Y no dijo lo mismo del joven fallecido en las manifestaciones en el Norte del país. Fariseísmo total, doble discurso.
Y aquí estamos. Gobernados por un esclavo de la más denigrante de las esclavitudes, y como tal, el más débil de los gobernantes. A pesar de su cómica firmeza. Atrapado entre el caviarismo y la sensatez. Y lo peor, ante un país que ya se dio cuenta que está grogui, contra las cuerdas, con las dos manos que él mismo se ató.
Y ese es el dilema de todos los zurdos. Por eso son incapaces de gobernar. La pradera se incendiará más, y el quijostesco Presidente, seguirá recitando a Vallejo. Sin condiciones de gobernar. Con él, se cumplirá el quinquenio del tiempo perdido. Caviares nunca más al poder. Aunque sea por la puerta falsa.
Esa es mi opinión, en uso de las facultades que otorga la Constitución a todos los ciudadanos (Artículo 2°, Inciso 4).

Presidente y Director General
Revista JUSTO MEDIO