El pasado domingo (entrevista El Comercio) Francisco Sagasti ratificó que le preocupa más salir impecable en las fotos que la severa crisis por la que atraviesa el Perú: fiel reflejo de lo que sería un pésimo gobierno del Partido Morado.

Un presidente que le pide a sus ministros que se tomen unas horas para pensar acerca de las lecciones aprendidas durante la pandemia está en la nebulosa. Peor aún, si estos “expertos” proponen construir cinco o seis indicadores tales como: disponibilidad de camas UCI, número de infectados a nivel nacional o determinar el grado de informalidad para conocer la cantidad de peruanos que tienen que salir diariamente para poder comer. Una ignorancia absoluta; en esas manos estamos. Se disputan un premio en irresponsabilidad e improvisación con el gobierno anterior. ¿Acaso esa información no la manejan los mandos medios que generalmente permanecen en sus puestos a pesar de los cambios ministeriales? Sin ningún rubor, Sagasti está confesando de que carecen de indicadores para tomar decisiones: somos sus conejillos de indias permanentes. Lo que sí aprendió y muy rápidamente es que necesita a una prensa servil para sobrevivir. Algunos programas dominicales son la perfecta muestra de ello.

Luego, alegremente declara que no es necesario escoger entre economía y salud cuando es evidente que sí: lo estamos sufriendo y se pondrá peor. El virus ha mutado, los contagios se han acelerado y ello ha obligado a países con sistemas de salud mucho más potentes que el nuestro, a optar por confinamientos bastante rígidos. Ya tenemos esa nueva cepa en el país. ¿Qué estamos esperando para tomar medidas severas? ¿Muertos en las calles como Guayaquil? ¿Nada hemos aprendido?

Respecto del riesgo de violación del secreto bancario respondió textualmente: (ojo no es un trabalenguas) “Yo no pienso sobre la inconstitucionalidad o constitucionalidad. Yo no soy constitucionalista. Lo que yo piense sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad es prácticamente irrelevante (…) A mí no me preocupa, yo he declarado mis bienes y estoy seguro de que ustedes lo han hecho. ¿Qué tenemos que ocultar?” Es un horror de respuesta. Sagasti olvida que cuando asumió el cargo se obligó a cumplir y hacer cumplir la Constitución. Parece ignora los alcances de esta perversa norma, sobre la que se han pronunciado diversos abogados y expertos. No se trata de una simple declaración de bienes sino de la intrusión de Sunat en todos nuestros movimientos bancarios por encima de S/ 10,000.

También le salió esa mezcla diabólica de soberbia con nacionalismo cuando al ser preguntado: “¿Qué país del mundo tomaría como ejemplo para imitar”? indicó que Ninguno. Sin embargo, más adelante señala que el Perú tiene posibilidades extraordinarias que no tienen otros países (la clásica del “mendigo sentado sobre un banco de oro”), para luego declarar que estamos muy, muy atrasados y que, si somos inteligentes, podríamos aprender de las experiencias de otros. Pero ¿acaso no era que no imitaríamos a ningún país? ¿Qué credibilidad puede tener una persona que dice y se desdice en dos minutos y cuyas respuestas son absolutamente incoherentes? Ninguna, pero verso, imagen y propaganda es lo que vende en el Perú; la buena gestión es solo un detalle.