Alarma en exceso el sólo pronóstico lanzado ayer en portada por el pesado papelote, también llamado El Comercio, anunciando que el régimen Sagasti pretende “sentar las bases para modernizar la Policía”. Un farol que, sin subterfugios, implica reformar la institución policial. Una organización pivotal en toda democracia y Estado de Derecho, que atávicamente ha sido menospreciada por los gobernantes alucinando que podrían utilizarla para satisfacer las metas de sus gestiones. Resulta que ese pretexto, de por sí corrupto, ha dado pábulo a que la pirámide institucional se organice bajo ese mismo credo. Vale decir los subalternos tienen que satisfacer los caprichos de sus superiores. Principio que a todas luces quiebra el orden y desvía la razón de ser de una institución tutelar que debe estar al servicio de la ciudadanía. ¡No de sus superiores y menos aún del gobierno! De manera que mientras los políticos que se lanzan a la presidencia y/o a alguna curul congresal no interioricen este dogma, las cosas seguirán como ahora.
“Así no, presidente Sagasti. Estas no son maneras para tratar a una institución como la Policía, vertebral en toda democracia y Estado de Derecho. Las leyes se han hecho para cumplirlas. No para sacarles la vuelta apelando a reglamentos impostores ni a interpretaciones antojadizas. ¡La ley es la ley! La ciudadanía no puede auto regularse, presidente Vizcarra. Para eso están las leyes en toda democracia. Lo contrario implica la anomia que, como sabe, es la incapacidad de la estructura social para proveer a los individuos de lo necesario –la ley- para lograr las metas de la sociedad. Y la sociedad, señor presidente, lo que demanda es orden y paz social. No el caos y la intranquilidad que ha desatado un segmento de desadaptados.” Esto escribimos el pasado jueves 26 y lo repetimos ahora. Usted no puede, presidente Sagasti, saltarse la ley a la garrocha porque le han soplado al oído que así debe hacerlo. ¡Déjese de necedades y gestione con sindéresis estos escasos meses que -por arte de birlibirloque- tiene usted en sus manos las riendas del país! Su misión como gobernante transitorio es otra. Administrar la nación bajo las normas vigentes al momento que asumió la presidencia, poniéndole énfasis a: 1) supervisar el proceso electoral para que se desarrolle de la manera más transparente; 2) gestionar con ayuda de científicos y especialistas el drama Covid19; y 3) cautelar que la economía no siga desplomándose dramáticamente como la dejó su nefasto predecesor Vizcarra. Dicho sea de paso, presidente Sagasti, ¿ha ordenado la auditoría correspondiente a las cuentas que ha heredado de ese vacado por corrupto Vizcarra? Concéntrese en ello. No crea en aquellos pajaritos de colores que le pintan al poderoso de turno los ayayeros de siempre. Legalmente podrá tener facultades para encargarse de asuntos espinosos como, por ejemplo, reorganizar la Policía Nacional. Sin embargo carece de le-gi-ti-mi-dad para hacerlo. ¿Comprende? Esta tarea compete a un gobierno electo por el pueblo, principio que le concede aquella legitimidad que no la tiene usted. Entiéndalo bien, presidente Sagasti.