Abandonó el pañuelo para la entrevista del domingo, lo cambió por un chaleco de trabajo al mejor estilo de aquellos que gustan vender imágenes y no contenido, pero no se atrevió a traicionar su ideología, su miserable ideología que nos iguala a todos hacia abajo. Se resistió bastante, un dilatado preámbulo dedicado a los millones de vacunas que vendrían, a los innumerables contratos que se firmarían, siempre en condicional, generando incertidumbre y poca certeza para, finalmente, declarar que por razones de equidad no se aprobaría la compra por parte de la empresa privada, a fin de evitar que solo se vacunen aquellos que tienen dinero. La Izquierda como la estupidez son más mortales que el propio virus.

¿Y el oxígeno? ¿Acaso en la compra del salvador oxígeno no hay precios siderales a los que accede solo la gente que tiene dinero? ¡Ni lo mencionó! Tampoco dijo que la empresa privada, especialmente mineras, eran las grandes aportantes del oxígeno. Las vacunas no cuestan mucho dinero y cuantas más alternativas existan, más fácil y barato será acceder a ellas. Oferta y demanda, conceptos que parecen horrorizar al presidente y a sus corifeos, como Ugarte que dice y se desdice sobre el tema. Guzmán, saliendo en defensa del Gobierno, sostuvo que la compra de vacunas por privados generaría un mercado negro. Este economista graduado en la PUCP parece que nunca hubiera pasado por las aulas. Todo lo contrario, los mercados negros se generan por escasez y restricciones; los privados aumentarían las opciones y quebrarían el monopolio del que hoy goza el Estado.

Estos discursos kafkianos nos hacen caer en la desesperación, en la pérdida total de esperanza, que es un sentimiento que dolorosamente se ha tornado en colectivo. A Sagasti, ya vacunado, se le ve tan distante del miedo al contagio o la muerte, de las duras restricciones y el confinamiento, del duelo a la distancia o la ruina económica. A pesar de él y de la incompetencia que nos rodea, no nos podemos rendir.

Vacar al inmoral de Vizcarra era indispensable para asegurar elecciones limpias y transparentes, pero nadie imaginó el manto de corrupción transversal que había tendido desde sus épocas de Zar en Moquegua. Las decisiones del JNE son de escándalo, es casi evidente que hay una mano negra digitando las exclusiones y tachas. Absurdo que se pretenda separar a López Aliaga por supuestamente haber incurrido en conductas prohibidas al declarar que, de resultar electo, donaría su sueldo. No sólo se trata de un acto futuro y absolutamente aleatorio, sino que no hay identificación del receptor. Es un simple enunciado, incierto, que no le genera ninguna responsabilidad. Como bien expresó en su defensa RLA, si de dádivas se trata, tanto Lescano como Mendoza son grandes infractores; ambos han ofrecido repartir generosos bonos apenas lleguen al poder, a pesar de una caja fiscal que languidece y un Presupuesto Público que necesita de endeudamiento para financiarse.

Existen abundantes pruebas de que Mendoza simuló un acto jurídico para subsanar las observaciones del JEE, pero la mantuvieron en carrera con una vergonzosa resolución que pocas voces valientes han cuestionado. Y es que estamos condenados a una Izquierda intocable.