“El mentiroso siempre es pródigo en juramentos”. “Una mentira es como una bola de nieve; cuanto más rueda, más grande se vuelve.” Citas de Pierre Corneille y de Martin Lutero respectivamente que son muy pertinentes al evaluar la situación actual que vivimos. El Gobierno Morado, el de Sagasti, bien puede calificar como el gobierno de la mentira.
La excanciller Elizabeth Astete ha ratificado que tuvo “luz verde para vacunarse” de parte del presidente Sagasti, ante la Comisión de investigaciones del Congreso sobre el “Vacunagate”. Esto desmiente completamente lo afirmado por el presidente Sagasti y lo deja muy mal.
Lo declarado por la excanciller no es poca cosa: compromete al primer mandatario de manera activa en la vacunación irregular de algunos pocos privilegiados. Deja en claro que él conocía perfectamente de estos casos y que lo que se realizó fue con su anuencia. La reacción de Sagasti ha sido rechazar de manera furibunda las afirmaciones de su exministra a través de una comunicación oficial enviado a la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales del Congreso, y después no ha querido dar más detalles o explicaciones. En esto se parece sobremanera a Vizcarra, quien también, con pocos modales democráticos, rechazaba las citaciones del primer poder del Estado.
Sin embargo, una revisión razonada de las evidencias y de los hechos llevan a confirmar, casi sin duda razonable, que Astete se vacunó con el visto bueno y conocimiento del presidente Sagasti. Todo parece indicar que él estuvo informado y él autorizó a su ministra. ¿A cuántos y a quiénes más habrá permitido realizar este procedimiento privilegiado e irregular?
Al igual que los colaboradores eficaces que han declarado y aportado pruebas contra Martín Vizcarra, la excanciller no tiene ninguna razón o motivo para involucrar gratuitamente en su situación al presidente Sagasti. Astete lo ha dicho en público y lo ha ratificado ahora de manera oficial, ante el Congreso, nada menos. Por donde se le mire, en este caso la verdad parece acompañar a la excanciller. Las declaraciones de algún miembro del cuerpo diplomático desvirtuándola más parecen ser por encargo y denotan cierto nerviosismo desde Palacio de Gobierno.
En esta línea de sucesos, si bien tienen estilos personales distintos, claramente Sagasti es la continuidad del Gobierno de Vizcarra. Los vacunados VIP continuaron en ambos periodos, igual se ejerció el poder para distribuir privilegios y que los cercanos puedan acceder de manera poco ética a estas vacunas. También se asemejan mucho -como dos gotas de aguas de estanque- las respuestas histriónicas de negación de los hechos, como las posteriores negativas a dar más declaraciones.
Y de esta manera, los peruanos volvemos a revivir la tóxica etapa de Vizcarra cuando –con una mitomanía desbordada- cada día declaraba sin rubor al país una mentira tras otra. Recordemos que los ofrecimientos de millones de dosis de vacunas para marzo van a constituirse en un par de días, cuando termine el mes, en una nueva mentira al país.
Ante los hechos, el Congreso de la República debe continuar las investigaciones hasta llegar a descubrir la verdad e identificar a los responsables en los casos que hubiera, con las respectivas sanciones políticas correspondientes. En ello debe ser implacable. Sobre esa base, el Ministerio Público deberá proceder también conforme a Ley. La impunidad no debe ser premio ni para Vizcarra ni para Sagasti y su gobierno Morado.

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