Sagrado magisterio

Sagrado magisterio

De las fuerzas laborales del Perú, a propósito de conmemorarse el 6 de julio día del maestro, cabe una reflexión sobre este contingente, cuya labor es determinante en la formación de la nueva ciudadanía, de los nuevos líderes, de los nuevos intelectuales, de la nueva mano de obra de los nuevos peruanos con identidad y memoria colectiva.

Propicio también reivindicar esta actividad y a quienes la realizan, toda vez que vienen heredando un historial no siempre en favor del acceso total la educación sino más bien inmerso en ese destable tinte político que trastoca el verdadero ideario gremial.

La figura del maestro, por demás menoscabada y minusvalorada en nuestra sociedad, incluyendo los pliegos que esta profesión reclama, sobre todo aquellos del ámbito rural, jamás estuvieron considerados en las agendas de algún gobierno de turno. La realidad de la enseñanza pública a nivel de pueblos y caseríos en todo el territorio patrio, depende única y exclusivamente de la vocación de servicio y del entusiasmo que estos docentes demuestran en su cotidiano afán de enseñanza; y que muchas veces realizan en las peores y más injustas condiciones; eso se supo siempre, pero nunca se dijo; con cero infraestructuras, cero tecnologías, cero logísticas y generalmente en una adversidad climática que pareciera estar confabulada para impedir que se cumpla con este sagrado compromiso.

Basta recorrer los caminos que entrelazan los distintos centros poblados de nuestro extenso territorio, un día de semana y en época escolar; para ser testigos de las largas caminatas que unos pequeños seres vestidos de gris, libran cada mañana, tanto para llegar a sus centros de estudios como para regresar a sus domicilios. Desde subir empinadas cuestas, cruzar escarpadas laderas, sortear ríos o lagunas o esperar la buena voluntad de algún condescendiente chofer que se digne en alcanzarlos lo más cerca que se pueda. Porque saben que allí estarán esperándolos sus maestros; sus incondicionales y leales profesores; sus mejores orientadores; a sus padres sustitutos y quien sabe sus paños de lágrimas, según sean las circunstancias.

Y viene sucediendo ante la parsimonia del poder estatal, de los adelantos tecnológicos, de la vorágine citadina, de los pleitos parlamentarios, de los ociosos titulares y de cuanta cortina de humo se fabrique; ¿pero saben qué? Como en la canción criolla, estos afanes nunca dejarán de existir, nunca dejarán de manifestarse, como todo compromiso sagrado; sagrado como el magisterio.

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