El ex congresista Salaverry traicionó a su bancada y decidió unirse a un pequeño grupo que complotaba para lograr vacar al presidente por acusaciones de corrupción. Salaverry tuvo éxito en su empresa y el Embajador peruano en Canadá tuvo que apurarse para conseguir un vuelo a Lima: el presidente había renunciado y le tocaba a él asumir la presidencia. A muchos les sorprendió que el señor Salaverry decida postular a la presidencia por Somos Perú: no tiene -hasta este momento- ninguna chance y su gestión es recordada tristemente como presidente del Congreso. La sorpresa de esta semana, sin embargo, la dio el primer presidente vacado y obligado a dejar Palacio en la Historia del Perú: Martín Vizcarra. Dijo, en un programa de televisión, que había aceptado la oferta de su viejo aliado de conspiraciones para encabezar la lista al Congreso por Lima: ha explicado, luego en Twitter, que seguirá con las reformas que empezó.

Lo primero que habría que indicar es que todas las reformas que empezó el ingeniero Vizcarra, sin excepción, han terminado siendo un desastre. Lo segundo es que evidentemente un congresista no puede continuar con las reformas que se habían iniciado desde otro poder del Estado, aunque el señor Vizcarra siempre ha dejado ver que eso de la separación de poderes no es lo suyo. Finalmente, a muchos -me incluyo- nos resulta demasiado evidente que el señor Vizcarra está buscando la inmunidad parlamentaria. Han salido ya sus defensores a decir que la inmunidad solo es para lo que pueda imputársele en el ejercicio de sus funciones. Eso es cierto, pero no del todo. Porque la inmunidad sí impide que se le arreste a pesar de estar condenado -salvo que el propio congreso le levante el fuero, como pasó con el señor Donayre-. Y, como sabemos, Vizcarra estaría ya con un pie prácticamente dentro de la cárcel.

Pero Vizcarra, traidor y cobarde, ha encontrado una salida: presentarse al Congreso y dejarse inundar por el caudal de votos que seguramente recibirá. A pesar de haber dirigido la peor gestión de lucha contra la pandemia en el mundo. A pesar de haber mentido al país en múltiples ocasiones. A pesar de estar acusado con una cantidad abrumadora de indicios de ser un coimero consuetudinario. A pesar de que todo el país lo ha escuchado darle órdenes a su personal de confianza de alinear coartadas y eliminar pruebas. A pesar de haber traicionado la confianza de todas y cada una de las personas que con él ha trabajado en el tiempo. A pesar de todo eso, allá va el ingeniero que -moqueguano- dijo que todas las acusaciones en su contra tenían como origen el que él sea un hombre provinciano que cambió las cosas. Allá va el ingeniero provinciano a ser candidato por Lima, porque de su Moquegua ya se olvidó.

Seguramente será elegido y será uno de los congresistas más votados. Seguramente jalará votos para la bancada de Somos Perú -esa misma que lo vacó por considerarlo incapaz moralmente para ser presidente, y ahora ha cambiado de opinión y ha determinado su moralidad sí le alcanza para ser congresista-. La verdad es que sorprenderse de todo esto es algo bastante ingenuo. Vizcarra ya le ha demostrado al país que es un pigmeo moral, un demócrata fáctico y que lo único que ha conducido su forma de actuar es el deseo por satisfacer sus apetitos personales y por evitar a la justicia. ¿Se saldrá con la suya? En plano inmediato quizás, aunque las “bases” de Somos Perú han rechazado su candidatura en comunicado. Pero tiene el señor Vizcarra que saber que tarde o temprano el peso de la ley caerá sobre él. Y cuando eso suceda se cumplirá su deseo: la Historia se encargará finalmente de juzgarlo.