Pasado el simulacro de vacancia presidencial y esperando que la administración Vizcarra y el Congreso dejen, de una vez por todas, sus intentos de desestabilizar aún más el país en medio de una pandemia, es alentador escuchar el pronunciamiento del Banco Central de Reserva.
En su último reporte, el BCR confirma la salida paulatina del hoyo recesivo: “Bajo un escenario sincronizado de reapertura eficiente de la economía, estímulos fiscales significativos, mantenimiento de condiciones financieras expansivas y recuperación de la confianza del consumidor y las empresas, se prevé una menor reducción del PBI en el segundo semestre (-8.4 por ciento). Con ello, se estima una contracción del PBI en 2020 de 12.7 por ciento y un crecimiento de 11 por ciento en 2021”.
Esta luz al final del túnel permite ir recuperando la confianza de los inversionistas, factor clave para una reactivación de la economía. Sin embargo, aún las sombras recesivas pueden acompañar este proceso: medidas populistas que erosionarían aún más el déficit fiscal e incrementarían el nivel de endeudamiento; impericia en el destrabe de proyectos de inversión pública y asociaciones público-privadas; agravamiento de la crisis política producto de nuevos casos de corrupción en el entorno presidencial; y, evidentemente, un nuevo rebrote mortal de la Covid-19.
En cambio, si la administración Vizcarra logra recomponer la velocidad de ejecución de la inversión y mejora ostensiblemente el gasto público, específicamente en los programas de alto impacto en la generación de empleo (construcción, mantenimiento de carreteras, obras de irrigación, reconstrucción y modernización de infraestructura y de servicios básicos como los de agua potable y alcantarillado), lograría remontar asertivamente el periodo recesivo.
Sin embargo, es bueno recordar que la única manera de recuperar los niveles pre pandemia es lograr reactivar la inversión privada. En ese sentido, resulta también alentador la reactivación de la economía china que ha hecho posible elevar sustancialmente la demanda de materias primas, haciendo brillar principalmente los precios de los minerales, principal sustento de la economía peruana.
Entre los retos que se le presentan al próximo gobernante están las necesarias reformas para dinamizar la inversión pública y privada, que se basan en tres pilares: reforma tributaria, reforma laboral y reforma de la gestión de los servicios esenciales que ofrece el Estado a los ciudadanos: salud, educación, transporte, saneamiento, seguridad ciudadana y justicia.
Y, para que todo esto tenga sentido y esperanza, es imperativo que los partidos y movimientos políticos ofrezcan a los ciudadanos en las próximas elecciones presidenciales y congresales verdaderos líderes, vacunados contra el virus de la corrupción, con certeras convicciones democráticas, con cuadros técnicos y políticos que ejecuten un plan de gobierno donde el objetivo principal sea el bienestar de las mayorías. Al menos, soñar no cuesta nada.