Una buena noticia, entre tantas malas en esta época de pandemia, es que ya se han creado vacunas para la covid-19, se han efectuado los experimentos requeridos y ellas han superado las exigencias científicas correspondientes.

Las vacunas han sido fabricadas en un número reducido de países, que cuentan con estándares bastante exigentes para ello, y los países que no las elaboran hacen cola para su adquisición, pese a que debió tratarse su suministro con las reglas de bienes públicos y no solamente con la fría normatividad del comercio internacional.

En lo que se refiere al Perú, tenemos que reconocer que el accionar gubernamental no ha sido lo eficiente que se necesitaba, y lo cierto es que las vacunas con las que se cuentan por ahora son insuficientes, cuando otros países de la región están con avances sustantivos.

El sector privado ha ofrecido al gobierno central su colaboración, adquiriendo directamente las vacunas, con su propio peculio y para que su personal y familiares, así como las comunidades de su radio de influencia, pudiesen ser vacunadas, con lo cual como medida preventiva se evitarán contagios y se salvarán muchísimas vidas.

La respuesta gubernamental no ha sido feliz, para no entrar en calificativos que pudieren ser mal interpretados, diremos que fue reticente. Dijeron que no se permitirá la adquisición de las vacunas por los privados, pues no se debería privilegiar a quienes tienen recursos, de quienes carecen de ellos.

La verdad es que las empresas y entidades del sector privado que adquieran las vacunas, las entregarán sin costo, específicamente a quienes quizás si las vacunas estuvieren en el mercado local, no tendrían recursos para su adquisición y colocación. Con ello habría un tratamiento inclusivo e igualitario, a diferencia del enunciado gubernamental, que en vez de unir a los peruanos los distancia, pudiendo generar conflictividad social y resentimientos, cuando ya bastantes problemas existen con la pérdida de empleos, el cierre de establecimientos laborales, la insolvencia a la que se ha llevado a emprendedores formales e informales, e incluso el sobreendeudamiento de los actores económicos.

Aún se recuerda el dicho del general Juan Velasco Alvarado a los campesinos agrícolas: “campesino, el patrón no comerá más de tú pobreza”, que bien podría considerarse preludio de lo que en realidad se dejó a la imaginación de la ciudadanía: “El rico no se beneficiará de las vacunas para los pobres”. Por favor, ya es hora de dejar atrás odios, fastidios, y rencores y no avivar inútiles discrepancias. La autoridad tiene la obligación de tratar de unirnos a los peruanos de buena voluntad.

Si el sector privado desea colaborar y ha demostrado más eficiencia que el sector público, habría que dejarlo complementar la tarea de este último, incluso podría comprar parte de las vacunas adquiridas por el Estado, o conseguirlas directamente de los fabricantes, en número mayor al de sus propias necesidades, para cumplir en estos momentos de dificultades con un imperativo moral, que no es otro que el de la solidaridad.