La Selección Peruana empató ante Uruguay en un partido que pudo habernos favorecido muchísimo si es que se lograba un triunfo. A partir de este resultado, la búsqueda de la clasificación a Qatar 2022 se pone cuesta arriba.
Este empate duele, y duele bastante, más aún porque los rivales directos de Perú no consiguieron buenos resultados. Tanto Chile, Bolivia, Venezuela y Paraguay nos dejaron el camino libre para haber podido escalar varias posiciones en la tabla. Sin embargo, nuevamente, un error defensivo nos costó el partido.
Perú es de esas selecciones a las que le cuesta bastante elaborar jugadas en ofensiva y finiquitarlas. En tanto, hay rivales que no perdonan: un descuido y adiós. A todos los peruanos nos cayó como un baldazo de agua fría el tanto del empate del rival. La selección tiene que aprender que no siempre se puede salir jugando, tiene que aprender que a veces es necesario reventar el balón, despejar. Este empate nos costará caro, estoy seguro de ello.
Viendo la conferencia de prensa de Ricardo Gareca, me sorprendió mucho la sobriedad con la que se expresaba el técnico argentino. “El equipo está mejorando”, “no estoy preocupado, me voy conforme con el desempeño”, fueron algunas de sus palabras. Esto nos da a entender que Gareca puede ser un tipo muy inteligente, pero también muy obstinado. En lo personal, considero que Perú regaló muchos minutos con la presencia de Edison Flores: es un jugador que no venía bien y eso se notó demasiado en la cancha. No recuerdo una sola jugada buena de Edison el pasado jueves. No sé si es un tema de cábalas o de preferencia, pero teniendo a un futbolista con un mejor presente, se tuvo que considerar a Sergio Peña desde el arranque. Y esto se vio reflejado: la selección mejoró muchísimo tras la salida de Flores.
Casi nos quedamos con las manos vacías al final del encuentro. Ahora, tenemos que derrotar a Venezuela, cueste lo que cueste. Ya no es tiempo para experimentar. Esta selección ha demostrado grandes cosas, pero las chances de clasificar a Qatar 2022 se están agotando. Sin embargo, Perú aún está vivo, aún es posible. Jugaremos hasta quemar el último cartucho.

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