¿Hasta cuándo veremos a tanto tonto sufrir o alegrarse por lo que, una vez sí y otra no, diga o se desdiga el veleta presidente Pedro Castillo? ¿Es aceptable que un país que ha sufrido los estragos del comunismo con el régimen procubano de Velasco, sea tan infantil de creer en lo que afirme un comunista, como sin lugar a dudas es Pedro Castillo? Es inadmisible que gente madura, presuntamente sagaz en los negocios, en la política, en la academia, etc. sea tan cándida como para dejarse manosear, humillar por una persona que llegó al gobierno blandiendo la bandera de la anticorrupción y de la verdad, patrocinada por un partido político acusado de ser una organización criminal dedicada al lavado de dinero en perjuicio del Estado.

Por si fuera poco, recurriendo al fraude electoral, cosa que hasta hoy no prueba en contrario el jurado electoral.

Esto, amable lector, es algo que con estupor vemos consolidarse cada día en el Perú. Gente que se indigna, rasga las vestiduras y pone el grito en el cielo cuando el presidente habla de nueva constitución y/o de expropiaciones; y al día siguiente aplaude cuando el mismo gobernante o uno de sus secuaces –ministros, congresistas, ayayeros, etc.– asegura lo contrario.

El problema del Perú es, entonces, muchísimo más grave que el hecho de estar en manos de un régimen procubano, gobernado por un polichinela del Foro de Sao Paulo que ha ejercido de profesor de escuela secundaria rural y dirigente sindical de un gremio manejado por movadef, sucursal política de la secta terrorista sendero luminoso.

Porque, amables lectores, ese dédalo llamado Perú exhibe una tara monumental llamada me-dio-cri-dad. Una medianía que avanza cada día amenazando copar a toda la ciudadanía. Para finalmente convertirla en una sociedad inviable.

La última idiotez ha sido comprobar la vana sensación de alivio que produjo Castillo contratando a una primera ministra de las filas de partido comunista que lidera el cura Arana.

¡Por fin! Fue la sensación que transmitieron todos los distintos gremios a cargo de las principales instituciones privadas. Ello a pesar de las voces de alerta que dieron medios como EXPRESO.

Pero la mediocridad hace que la gente se esperance con cualquier engaña muchachos.

Lo dijimos desde el primer instante. Mirtha Vásquez es la versión femenina de “puka” Bellido, sólo que dotada de formas civilizadas y lenguaje críptico capaz de encandilar a las mayorías mentecatas.

Ahí estriba la diferencia entre proponerle al Congreso convocar a una asamblea constituyente o “promover un nuevo pacto constitucional”, frase confusa que dice claramente lo mismo, aunque edulcorado con el caramelito que esperaban saborear los tontos. Al extremo que el mismo día en que Vásquez anestesiaba así al Congreso –y con ello a todos los gremios nacionales–, Castillo proclamaba: “expropiaremos Camisea para que el recurso del gas natural lo explote el Estado.” ¡Se acabó el recreo!

No, amable lector. Por enésima vez repetiré, Castillo es un subordinado del comunismo que, como alguna vez escuché decir a un maravilloso amigo, tiene por norma: “vivir sin mentir es morir.”

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