Son numerosos los actos públicos del presidente Martín Vizcarra que revisten consecuencias penales. Obviamente vio el jefe de Estado, porque tonto no es, que ante la gravedad de su situación política y personal el Congreso debía ser cerrado, tema que ocurrió el 30 de septiembre de 2019 con su maquillado y perfecto golpe de Estado, en complicidad con un Tribunal Constitucional que hace tiempo perdió prestigio, salvo honrosas excepciones.

Vizcarra necesitaba un nuevo Parlamento de acuerdo a sus intereses particulares bajo el falso pretexto de la gobernabilidad. Su plan para disolver el Legislativo se hizo realidad, convocando a nuevas elecciones parlamentarias, y este año inició el jefe de Estado con un Congreso aliado y acomodaticio. Sin embargo, tras corto tiempo, dada la incapacidad presidencial para gobernar, otra vez se generó una fricción entre el Ejecutivo y el Congreso de la República.

El sol no se podía ocultar con una mano y ante el escándalo público de su amigo Richard Cisneros y sus secretarias, llegó la moción de vacancia. Entonces Palacio en tiempo récord puso a andar toda su maquinaria para neutralizar esa posibilidad. El Presidente entró en pánico, pues dejar el sillón presidencial implicaba la caída del escenario favorable a Odebrecht, al Club de la Construcción, a las ONG globalistas y la propia existencia de su alianza con la Fiscalía de la Nación.

Esa maquinaria usó en un psicosocial al ministro de Energía y Minas, junto a dos sujetos de su entorno personal; se repartió millones de soles a los canales de TV, se manipuló a los jefes militares en medio de conferencias de prensa, se compró bancadas tal como lo afirmó -sin rubor- el congresista Daniel Urresti; y más allá del habitual papel de los troles gubernamentales se pasó a un escenario descarado de chuponeo, hackeo de cuentas Twitter y seguimiento contra voces discordantes de la prensa.

Denuncié ese hackeo proveniente desde el distrito del Rímac; Edwin Cavello, director del Portal Lima Gris, hizo lo propio sobre el reglaje del cual fue objeto; José Rocha, jefe de Prensa del Congreso, hizo pública su denuncia acerca de la manipulación de su número de celular. La lista puede continuar. Pero lo más descarado fue cómo se sometió a los congresistas. Si el Ejecutivo se almorzó al Congreso, ¿no se engullirá a la Fiscalía, conociéndose la empatía de Vizcarra con Sánchez y Ávalos?

@RafaelRomeroVasquez