El miércoles 12 de este mes, se publicó el decreto que antes anunció el recién investido presidente del Consejo de Ministros. El congreso de la república -una ecléctica selección de aturdidos- le había pedido a Martos durante el pedido de confianza, medidas inmediatas para combatir a la pandemia. El general Martos -sin dudas ni murmuraciones- se dispuso a confeccionar este decreto que le devolvería a los peruanos la esperanza de que el gobierno puede hacer al menos una cosa bien. Pero llegó el decreto a la imprenta de El Peruano y luego a nosotros.

La tensión entre los poderes del Estado parece haber menguado, sí. Pero parece que los padres de la patria no se han regalado el tiempo de leer lo que allí dice. El decreto N° 139-2020-PCM es la sublimación de todo lo que el gobierno no ha entendido y la confirmación de que estamos realmente a la deriva, siendo gobernados por un tenista aficionado -pero dadivoso- y sus compañeros de ruta -apocados, iletrados y ciertamente desorientados-.

Hay 6 regiones y 36 provincias que vuelven a la cuarentena rígida. Es decir: nadie podrá abandonar su vivienda salvo que sea para satisfacer las que el Estado ha denominado necesidades básicas (servicios financieros, alimentos y medicamentos) o que, a través de un salvoconducto uno pueda salir a trabajar en las actividades económicas ya “reactivadas”. Yo me pregunto: ¿entenderán el señor Vizcarra y sus amigos que millones de peruanos no tienen acceso a agua potable y a alcantarillado y que hay ciertas necesidades básicas con las que deben cumplir yendo a silos comunes -que son, sin duda, un vector de contagio-. ¿Comprenderán quienes nos gobiernan que millones de compatriotas no pueden permanecer dentro de sus viviendas porque no tienen agua para tomar, cocinar, lavar o asearse? Asumo que no. Cuarentena rígida entonces. El Estado no puede curarlos, ni prevenir su enfermedad: encierrense. Notifíquese y publíquese. Además, qué bien que funcionó la cuarentena anterior, ¿no?

Ahora, con medio país encerrado sí se permite que quienes brindan servicios previamente “reactivados” puedan ir a cumplir con sus empleos luego de tramitar su salvoconducto. ¿Qué servicios se han reactivado recientemente? Restaurantes, comercios y centros comerciales. Me vuelvo a preguntar: quiénes trabajan en estos rubros van a poder ir a trabajar. Pero… ¿A quién van a atender? ¿Los “reactivados” restaurantes abrirán con todo su personal listo para atender a la población que se encuentra en cuarentena rígida? ¿La idea es que estas personas, que no son pocas, sigan cobrando sueldos sin producir absolutamente nada? Sorprendente la adaptación del keynesianismo: vaya forma de inyectar dinero inorgánicamente a la Economía. Todo parece indicar que los 9 millones de trabajos perdidos no son suficientes y que nuestro gobierno va por más. Tengamos en cuenta que estas preguntas bien las podría hacer un niño menor de 14 años avispado con sentido común, pero sin tablet, por cierto.

Revisemos ahora, justamente, las restricciones a las que los niños menores de 14 años quedan sujetos: sólo podrán abandonar su hogar acompañados de un adulto por espacio de media hora y su desplazamiento deberá quedar circunscrito a espacios públicos que estén dentro de un radio de 500 metros desde sus viviendas. ¡Qué joya de pensamiento político! Resulta que ahora todos los peruanos tienen un parque a menos de quinientos metros de sus casas. ¡Ni en Ginebra! ¿Entenderá el señor Martos que, sin ir muy lejos, en asentamientos humanos como Nueva Esperanza en Villa el Salvador lo único que un niño podrá ver a 500 metros de su -precario- hogar son miles de otros hogares construidos en la misma pobreza que desgarra a ese Perú que muchos no quieren ver? Pero para quienes audazmente redactaron el decreto esas son minucias: los niños podrán salir a su recreo diario de media hora acompañados de un adulto y podrán ir a donde sus piernas los lleven, pero a cinco cuadras.

Todo esto, salvo que sea domingo. Porque como ya algún chamán le habrá susurrado al presidente, los domingos el virus se encabrona y se pone más contagioso que nunca. ¿Entenderá el gobierno que con millones de peruanos haciendo malabares por sobrevivir económicamente, mientras menos horas libres tengan en la semana mayores serán las aglomeraciones? Pero -eso sí- el servicio de delivery sí seguirá funcionando los domingos. Señor presidente: vaya a usted a Lomo de Corvina y pida lo que más le provoque este domingo por Rappi. Nos cuenta, por favor, cómo le va en el esfuerzo. Durante 106 días de encierro se nos dijo que estas medidas salvarían al Perú de una crisis. El Perú es el país del mundo que peor ha manejado la crisis -si tomamos en cuenta el número de muertos de Sinadef y no el que usó, por meses, cosméticamente el ingenioso señor Zamora -mientras no compraba pruebas moleculares y hacía caso omiso a ofrecimientos de oxígeno gratuito por parte de Israel-.

Por supuesto, no hay pastel sin cereza: resulta que ahora queda prohibida cualquier reunión social y familiar en todo el territorio nacional bajo amenaza de que la policía tumbe la puerta y cumpla con sus funciones frente a la patria. Una duda: en una ciudad de más de 10 millones de habitantes, con libertad de tránsito como Lima… ¿cómo pretende el gobierno que esta medida se respete? ¿Realmente se usarán los recursos de la policía para interrumpir reuniones? Parece que el señor Martos y su gabinete están bastante seguros de la capacidad mágica de conjurar palabras y -a través de su enunciación- transformar la realidad. Recomiendo entonces que prohíban de una vez por todas el crimen, los pensamientos críticos y -sobre todo- esto de andar contagiándose y muriendo por Covid-19. “Basta de irresponsabilidades” ha dicho el señor Vizcarra. Curiosa frase viniendo del hombre que ha destruido en tres meses el crecimiento económico de 30 años. Que le repita eso a su recogebolas, mientras gobierna.