Si el presidente Martín Vizcarra no patea el tablero electoral, el país tiene el camino allanado para las elecciones generales del 11 de abril del 2020 pero en circunstancias especiales por la pandemia, mal sanitario y económico que ha agudizado la crisis de la representación política, la asfixia de la actividad partidaria y la ausencia de cuadros preparados éticamente para cortar la cadena de corrupción de las últimas tres décadas por lo menos.

¿Cómo salir de la crisis del sistema de partidos ha sido una pregunta recurrente? ¿Cómo construir partidos políticos realmente institucionalizados, con solvencia programática, ideología definida y promociones de dirigentes suficientes para los cambios generacionales que toda organización partidaria requiere (sobre todo desvinculadas de las cúpulas venales y antidemocráticas)?

Ha quedado demostrado que la renovación política y la aparición de nuevos partidos, serios y viables, no depende exclusivamente de los moldes jurídicos promovidos por consultores comechados ni de las leyes electorales más sofisticadas. Podemos tener las normas legales más hermosas y teóricas sobre el escritorio, pero serán solo eso porque no traducen lo que realmente pasa en la sociedad peruana.

Lo que se necesita es liderazgo, filosofía política, ideología, vocación de servicio y militancia verdadera, vale decir preparación ciudadana y pasión frente a la res pública. Pero jamás habrá pasos seguros en ese camino mientras los propios dirigentes nacionales no tomen conciencia para convocar a los mejores. Igualmente no habrá buenos resultados mientras los medios de comunicación no cambien su actitud displicente hacia las organizaciones partidarias.

En el caso de los canales de televisión, por ejemplo, estos deberían elevar el nivel de sus contenidos periodísticos, limitando a su verdadera dimensión la crónica roja, pues hoy es lo que marca la pauta, ya que usan el 90 por ciento de su exposición audiovisual noticiosa para hacer reportes de comisaría, abundando en notas truculentas, plagadas de mediocridad y morbo.

Hasta parece que a los canales de TV de señal abierta les molesta que los partidos políticos se edifiquen, acaso porque esa es la orden de malos gobiernos y de las corporaciones privadas multimillonarias con las cuales se vinculan, o porque les gana la cuota de flojera diaria para hacer las cosas bien en materia de información y debate. Pero ahora se preparan para recibir la danza de millones en publicidad estatal autorizada por el actual inquilino de Palacio.

@RafaelRomeroVas