Desde el último trimestre del año pasado el gobierno viene transmitiendo, visiones optimistas sobre la evolución de la economía peruana para el 2021, afirmándose que el PBI crecerá en 10%, y de confirmarse que en el 2020 se cerró con una caída del -12% del PBI; al término del año del bicentenario estaríamos a -3.2% por debajo del PBI del 2019.

La mirada de la recuperación está puesta en la inversión pública, lo que es razonable, pero insuficiente. Hay dos sectores que ameritan análisis y seguimiento de mucho detalle: Salud e Interior, el primero por la pandemia de la covid y el segundo por no tener control sobre la movilización social que está desbordada, luego de ser enervada por el Partido Morado para que su congresista Francisco Sagasti, se convirtiese en Presidente interino.

En Salud, mundialmente la segunda ola de contagios agravada por la aparición de una nueva cepa es una realidad preocupante, y nuestro país no va a estar exento de ello. A estas alturas tenemos cuatro problemas: número de contagios que se encaminan al alza, camas UCI prácticamente copadas según la propia versión oficial, bajísima disponibilidad de pruebas moleculares para diagnósticos tempranos que pueden evitar muchos contagios y un retraso en la disponibilidad de vacunas.

En estas circunstancias el “presupuesto inicial de apertura” del Sector Salud establecido en 20,940 millones de soles (MMS/) para este año, estará más cerca del monto de cierre del año pasado, lo que significará un adicional de 5,600 MMS/ que equivale al 93% del reactivador Programa Arranca Perú.

Las implicancias de la gestión en salud pública son mayores aún, puede llevarnos a la necesidad de un nuevo confinamiento, que ya sabemos sus graves consecuencias en la economía, está ocurriendo en Europa y no hay nada que nos garantice que no va a ocurrir aquí.

En el sector Interior, las políticas aplicadas a la Policía Nacional desmotivan al personal en todos sus niveles, además de atarlo de manos para el control de la movilización social que se practica con interrupciones de tránsito y vandalismo, deviniendo en la paralización de actividades productivas.

El mensaje es que no basta el voluntarismo declarativo de la reactivación, hay muchas tareas previas por hacer.