¿Por qué tenemos que soportar tanto cinismo? ¿Acaso no merecemos mejores autoridades? ¿Somos tan insignificantes que simplemente nos conformamos? Inaceptable respuesta del presidente del JNE Jorge Luis Salas Arenas, al ser consultado sobre un posible conflicto de intereses, respecto de la tacha interpuesta contra Martín Vizcarra, debido a que este último habría favorecido a su hermano cuando fue GR de Moquegua. Muy orondo replicó: “he llamado por teléfono a mi hermano y él me dice que no sabe de quién se trata y de qué se trata”. Así de simple, una inmensa tomadura de pelo, pero nadie se inmuta. No es justo que nuestra respuesta sea solo la resignación.

Evidentemente Salas Arenas, haciendo una interpretación sesgada de la Constitución y olvidando su fuerza normativa, declaró Infundada la tacha, permitiendo la candidatura del peruano más mentiroso del 2020, que sigue difamando y engañando en campaña sin haber asumido una sola responsabilidad por el daño ocasionado por su pésimo gobierno. Con esta singular decisión, el JNE determinó que Vizcarra no tuvo la calidad de funcionario público y que por ello no estaba incurso en la obligación de renunciar seis meses antes de la elección. Vale decir, si Vizcarra no hubiera sido vacado por inmoral, hubiera podido seguir como presidente hasta el 21 de diciembre, víspera de la inscripción de las candidaturas. ¿Olvidaría este ex vocal supremo el antiguo axioma romano: “a la misma razón, el mismo derecho”? Cuando se trata de favorecer a Vizcarra, muchos lo olvidan todo.

Todos los candidatos mienten, algunos obscenamente, olvidan que en democracia lo prometido es deuda, pero Vizcarra siempre se supera, cruza los límites sin ninguna decencia. Cuando presidente, en plena pandemia, acusaba a ciertos congresistas, dolosamente, de haber sugerido la postergación de las elecciones. Hoy, este caradura de frágil memoria pide el retraso, contradiciéndose. Ha aprendido a convivir con la mentira y desafortunadamente los peruanos padecemos de amnesia colectiva. Seguramente saldrá elegido con alta votación porque increíblemente, aún hay electores que le adoran pero recuerden, será el fruto podrido del Congreso: brillará por su populismo y manipulación. Así se hacen muchas de las carreras políticas en el Perú.

Con un quinquenio tan turbulento y un presidente que brilla por su ausencia y que casi podría ser un elegante holograma, no deben retrasarse las elecciones. El pasado domingo en Portugal se ha realizado un proceso impecable, con menos ausentismo que en las elecciones presidenciales del 2011 y 2016. Es un país que hay que tomar como ejemplo. Afortunadamente, Piero Corvetto, jefe de la ONPE, tiene clara la importancia de las elecciones. Se requiere: más lugares de votación, disciplina y puntualidad.

Lo que resulta indignante es la pobre preparación de la mayoría de los candidatos. Además, juega en contra el perverso voto preferencial cuya modificación debió ser prioritaria en la reforma política. Hoy la billetera sigue mandando. Los generosos aportes de candidatos para conseguir lugares privilegiados en la lista y en la publicidad es lo que prevalece.

Los hay peores, aquellos que dicen conocer el Perú profundo y sus necesidades desde niños. Hay cada relato inverosímil. Es la escuela de Vizcarra: la mentira como doctrina. Desafortunadamente, tiene demasiados seguidores.