La verdad es que somos un país prisionero de la dinastía caviar, entronizada a raíz de su actuación hacia finales de los años noventa para acabar con el régimen de Alberto Fujimori. El premio que consiguió, desde entonces, fue imponerse como una auténtica autocracia trajeada de democracia, respaldada por los ricachones social confusos y la miseria pituca que anhelaba saborear el poder que jamás le otorgarían las urnas. De esto hace veintidós años. Y el Perú sigue siendo rehén de la ralea caviar, culpable de la amenaza totalitaria que ahora nos asfixia. Porque el caviarismo capturó a sucesivos politicastros, facilitándoles acceder al poder ayudados por ciertas encuestadoras y un convoy mediático vicioso.

La izquierda glamorosa les propuso cogobernar. Y los tontos aceptaron. Desde entonces secuestró el Estado ocupando los puestos públicos de alta jerarquía recibiendo altas remuneraciones y/o millonarios emolumentos vía apetecibles consultorías por trabajos que corresponden, más bien, a nuestra frondosa burocracia, que rebasa decena y media de ministerios y ene entidades públicas. Evidentemente la mafia caviar jamás aportó algo para mejorarle la calidad de vida a los peruanos. Sin embargo, su discurso siempre falaz, hipócrita y desinformativo, encandila al público. Esto le permite someter al país a sus funestos delirios de poder. El caviar vive como millonario con dinero del Estado. Vale decir esta estofa jamás ha pensado en el pueblo al cual alega representar. Su meta siempre ha sido manipular a las autoridades para usar el Estado a favor de sus intereses. Ocurrió con Toledo, Humala, PPK, Vizcarra y Sagasti.

Una de sus estrategias fue aplicarles el chantaje. Porque ruines como son los caviares –la mayoría de ellos provenientes de la universidad Católica- se infiltraron en el poder Judicial y en la Fiscalía. Espacios tácticos para dirigir las investigaciones y los procesos contra quien se oponga a sus ucases. Esto les permite favorecer o afectar a los jerarcas oficialistas que acaten/desoigan sus instrucciones, según vayan la cosas o soplen los vientos. Para ejecutarlo, recurren a la maquinaria mediática que usan como moledora de honras y fuente desinformativa, orientándola a intimidar/destruir a quien no se allane a sus intereses. Por si fuera insuficiente, para continuar vigentes digitan al Jurado electoral para beneficiar al candidato que acepte someterse a su mando. Toda esta colosal manipulación del aparato público la paga usted, amable lector, vía los sueldos dorados que los caviares puntualmente cobran al Estado a través de costosas consultorías, y/o de otras prebendas que consiguen les remuneren con dinero público.

Todo apunta a que los caviares seguirán mandando. En adelante vía Pedro Castillo, a quien mantienen secuestrado de su Alma Mater –el aparato político de Vladimir Cerrón, dueño del partido Perú Libre por el cual postuló Castillo- mientras tratan de consolidar el fraude perpetrado por el comunismo peruano aliado con Venezuela, el antaurismo, movadef, etc. A cambio, demandan encarcelar a Cerrón y sustituir ellos a Perú Libre como los operadores políticos de este bisoño Castillo. Un jaque traidor que agudizaría aún más las pasiones y acabaría de hundir al Perú.