Mirian Morales, desde muchos años atrás mano derecha del aún presidente Vizcarra; Karem Roca, secretaria personal del todavía inquilino palaciego; y Óscar Vásquez, ex asesor presidencial, fueron usados por Vizcarra para cubrir sus trapacerías alrededor de un sujeto que aún no se conocen las raíces de la amistad que le une –o le unía- al hasta la fecha presidente. Inclusive Vizcarra se jugaría la presidencia por él, violando las normas al ordenar su contratación en diversas reparticiones estatales. Además por haber tramado un delictuoso ocultamiento de pruebas, dirigido a enervar las pesquisas que ya venían llevando a cabo tanto el Congreso como la Fiscalía. El aborto de unos audios que revelan este entramado de falacias -que incluye alterar la agenda oficial de palacio, borrar decenas de miles de correos electrónicos y fabricar nuevas pruebas adecuadas al interés de Vizcarra y su amigo “Swing”- fue el primer campanazo formal que escuchó la ciudadanía sobre fraudes propios del todavía jefe de Estado. Los rumores sobre los dolos perpetrados a su paso por la gobernación moqueguana, si bien existían de antaño, estaban en suspenso por orden de la fiscal de la Nación, a la sazón amiga de Vizcarra según manifestación de su entonces secretaria personal. Y el affaire Chinchero es otro entripado de Vizcarra que, igualmente, sigue empollando el Ministerio Público. Pero estos audios de marras -siendo pruebas indelebles de delitos perpetrados en palacio de gobierno, actuando Vizcarra como cabeza de una camorra organizada para delinquir a espaldas del país- acabaron siendo razones insuficientes para que este Congreso, mayoritariamente de calichines, acomodaticios y miedosos, vacase al aún mandatario. Sin embargo, la majestad de la jefatura del Estado quedó reducida a polvo, y Vizcarra transformado en un zombi con alteraciones mentales que lo llevan a continuar mintiendo, una y otra vez, envuelto en un laberinto mitomaniaco sin precedentes. Lo prueban esas patéticas entrevistas domingueras que, quien ocupa la primera magistratura del país, mendiga cada semana a varios medios periodísticos.

Desde la aparición de los citados audios hemos sostenido que Vizcarra no debe seguir en la presidencia. ¿El argumento? Un mentiroso cerril es un peligro en cualquier parte. Aunque pasa a convertirse en amenaza insoportable, estando al frente de la jefatura del Estado. No obstante, constitucionalmente sólo el Legislativo puede removerlo del cargo. Y como comprobaría la ciudadanía, este Congreso no estuvo a la altura de las circunstancias cuando más le necesitó. Afortunadamente hoy en día, fuera de aquellas pruebas delictivas existen otras, más contundentes, que desde hace meses –¿o acaso años?- conocería la Fiscalía de la Nación. ¡Pero las habría mantenido encarpetadas! Se trata no de uno sino de cuatro aspirantes a colaboradores eficaces, testigos de que Vizcarra recibió grandes sobornos como gobernador moqueguano; consecuentemente imputándole graves crímenes económicos al todavía jefe de Estado.

Vizcarra es capaz de cometer cualquier otro disparate, con tal de librarse de la cárcel. Esperamos que ante una segunda moción de vacancia presidencial -que ahora estaría corriendo- el Congreso actúe de acuerdo a la Constitución y las leyes de la República.